jueves, junio 22, 2006

Carta de Francisco Toledo

Carta publicada el 21 de junio de 2006 en la columna
de Miguel Ángel Granados Chapa
del diario Reforma

Quienes vivimos en la ciudad de Oaxaca hemos padecido, desde hace 27 días, el asedio a su centro histórico, que el día 14 de junio derivó en una batalla campal entre maestros y policías.

Nuestras calles y plazas principales son espacio de una ocupación de miles de hombres, mujeres e incluso niños, mantenida en las peores condiciones de higiene, sin contar con servicios de salubridad y pernoctando a cielo abierto, situación que pone en riesgo su salud y la de los habitantes del centro histórico.


La ciudad de Oaxaca es patrimonio cultural de la humanidad, reservorio de una riqueza identitaria reconocida mundialmente, y también corazón de las actividades económicas, sociales y artísticas de la región de los Valles centrales, de las cuales depende el sostén de miles de familias oaxaqueñas.

Desde hace 27 días los niños y jóvenes del estado no asisten a clases pese a que el nivel de educación de nuestro estado es el más bajo del país, y en la capital del estado la vida comunitaria se ha colapsado por la violencia que ha dejado muros pintarrajeados con consignas, andadores, plazas y jardines destruidos, mercados, comercios, restaurantes y hoteles cerrados; y, el día del enfrentamiento entre la policía y los mentores, un helicóptero vició el aire con gases lacrimógenos.

Desde hace muchos años los oaxaqueños somos testigos de la ríspida relación entre el magisterio y el gobierno, que utilizan, de uno y otro bando, el lenguaje de la acusación, la amenaza y la acción intimidatoria para dar cauce a sus diferencias, y toma como rehén a la ciudad de Oaxaca.

Sus habitantes reprobamos y nunca nos acostumbraremos a esta manera de entablar la negociación laboral, pues se secuestra el núcleo de la colectividad y se amenaza la seguridad y la integridad física de quienes aquí vivimos y los que nos visitan.

Reconocemos que las demandas de los maestros deben ser atendidas. Sin embargo, nos rehusamos a que esto se logre mediante la ocupación de los espacios que pertenecen a todos los oaxaqueños y obstaculizando la vida comunitaria.

Reprobamos la conducción del gobierno para responder al magisterio, cerrándose al diálogo y haciendo uso de la fuerza pública, lo que lejos de solucionar los problemas causa zozobra e incertidumbre.

Repudiamos asimismo la cerrazón del gobierno federal y la manera hipócrita como ha venido dándole largas al obligado arbitraje que le corresponde en este conflicto. Apelamos a la buena voluntad y a la inteligencia política necesaria para poner fin a esta confrontación cuyo costo económico ya ha rebasado con creces las demandas legítimas de los maestros.

Vivimos en uno de los estados con más rezagos históricos para la satisfacción de sus necesidades básicas de alimentación, salud y educación de la población, fundamentalmente de las comunidades rurales.

Oaxaca es sin duda una de las culturas más antiguas y diversas de la república, y su grandeza histórica no merece este espectáculo vergonzoso. ¿Es con este ejemplo como pretendemos forjar la grandeza de los oaxaqueños del futuro? El odio y la intolerancia jamás han sido pautas de superación, sino de retroceso.

Los maestros son un factor fundamental para superar las condiciones de marginación e ignorancia de los oaxaqueños; reconocemos su alto grado de organización laboral pero, para lograr sus objetivos, es indispensable que encaucen sus demandas por las vías de una negociación respetuosa de los derechos de toda la sociedad.

Expresamos la urgencia de serenar los ánimos. Llamamos a las partes en conflicto a buscar un diálogo que acabe con el clima de irritación y peligro al que se somete a la ciudad de Oaxaca.

Apelamos a la conciencia y responsabilidad de los gobernantes para poner todos los medios a su alcance en la solución de este conflicto, haciendo a un lado el uso de la fuerza pública.

Instamos al magisterio y al gobierno a una reflexión que supere la cerrazón, la intolerancia y la violencia, y regrese Oaxaca a los cauces de su grandeza histórica basada en el amor a la libertad y el respeto al derecho ajeno.

FRANCISCO TOLEDO


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miércoles, junio 21, 2006

EDITORIAL

por Juntos por Oaxaca

Desde el pasado 22 de mayo, la ciudad de Oaxaca ha permanecido secuestrada por el magisterio oaxaqueño y, recientemente, por la autodenominada Asamblea Popular del Pueblo (sic) de Oaxaca (APPO), en un intento de crear un escenario de ingobernabilidad que justifique sus demandas, a través de una serie de actos vandálicos e ilegales.


Pero no sólo la ciudad ha sido secuestrada por estos grupos, sino también la gran mayoría de la sociedad que no apoyamos sus acciones, pues además de restringir nuestro libre tránsito por la ciudad y limitar nuestra actividad social y cultural, también nos han amordazado a base de violencia y amenazas, coartando nuestro derecho a disentir, opinar y manifestarnos por miedo a represalias en contra de nuestro patrimonio e integridad.

Pareciera que los oaxaqueños estamos satisfechos con los desplegados que diversas organizaciones han publicado en la prensa y la marcha que juntos hicimos en junio, pero realmente el descontento y el rechazo de la sociedad civil de Oaxaca no ha tenido contrapeso en este conflicto que la APPO pretende presentar como un movimiento "popular y democrático".

La mayoría de los oaxaqueños no nos sentimos identificados y representados por esta Asamblea, y rechazamos sus métodos, la falta de respeto que han mostrado hacia los ciudadanos, principalmente hacia los niños y jóvenes, a quienes pretenden dejar nuevamente sin educación, y con ello agravar el rezago educativo de Oaxaca.

Rechazamos todo tipo de violencia, sin importar quién la genere o la propicie, pues esa no es la vía para encontrar solución a éste y a ningún conflicto. Por ello, exigimos el respeto a las instituciones, la aplicación del estado de derecho y el cauce legal a las demandas políticas.

JUNTOS POR OAXACA
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