martes, octubre 31, 2006

Balance

por Denise Maerker
publicado el 31 de octubre en Excélsior


La tragedia de Oaxaca continúa. Ciento sesenta y dos días de conflicto en que el tejido social, la estructura administrativa y la vida económica de esa ciudad se ha ido deshilvanando. Ciento sesenta y dos días en que la sociedad se ha dividido y polarizado y donde a los viejos agravios hay que sumar ahora los nuevos: los muertos, los heridos, los robos, los trabajos perdidos, las humillaciones y la desesperación.

La entrada de la Policía Federal Preventiva y el regreso a clases de los maestros no solucionan el conflicto, son tan sólo el inicio de una nueva etapa que abre puertas pero que implica también graves riesgos.

Ciento sesenta y dos días después, quién pierde y quién gana con este conflicto. Es hora de hacer un balance.

El gobierno federal

Pierde. Para Fox y su gobierno no hay forma de ganar políticamente en este conflicto. Lo ignoraron durante meses y ahora parece que se convertirá en el triste epílogo de esta administración. La impotencia es el signo que ha caracterizado al gobierno de Fox y el manejo de esta crisis lo refleja fielmente. Quisieran que se fuera Ulises y no saben cómo; no querían mandar a la PFP y no pudieron evitarlo; necesitaban del PRI para solucionarlo y nuevamente no contaron con su apoyo.

La Policía Federal Preventiva

En riesgo. La Policía Federal está siendo sometida a una prueba de alto riesgo. Sí puede ganar porque su imagen está muy deteriorada luego de las operaciones en Lázaro Cárdenas y en Atenco. Por lo pronto sorteó milagrosamente la entrada sin que aquello se convirtiera en una desgracia de grandes proporciones, pero ahora está ahí, en medio de las pasiones de todos los bandos y expuesta a cualquier provocación de los radicales de la APPO y de los paramilitares de Ulises Ruiz.

Los maestros

Ganan. Al día de hoy, los únicos que pueden sacar un balance positivo de este conflicto son los maestros de la Sección 22 del SNTE y su líder Enrique Rueda Pacheco. En la minuta de acuerdos que firmaron el sábado pasado en Gobernación lograron todo: que se les paguen las quincenas que no trabajaron, el compromiso de la rezonificación de sus salarios, la liberación de los maestros presos, la cancelación de las órdenes de aprehensión que había en su contra y la designación de un encargado de la Secretaría de Educación Pública federal que servirá de intermediario.

La APPO

Pierde. Si se hubiera dado una salida negociada, Flavio Sosa y la dirigencia de la APPO se habrían convertido en un interlocutor indispensable de la nueva Oaxaca. La radicalización de parte de sus bases que se han comportado como simples delincuentes juveniles los pone en riesgo de convertirse simplemente en cabecillas de un movimiento violento. Los radicales de la APPO y los paramilitares de Ulises Ruiz son los que prácticamente obligaron a Fox a enviar a la PFP. Sin duda, mostraron prudencia y sensatez al llamar a sus simpatizantes a evitar enfrentamientos con la PFP, pero dan la impresión de que pueden perder el control en cualquier momento.

Ulises Ruiz

Cree que gana. Hace meses que Ulises Ruiz esperaba la entrada de la PFP e hizo todo para conseguirla. Cada vez que la APPO y la Sección 22 se acercaban a Gobernación aparecían los hombres armados y vestidos de civil que disparaban hasta matar a por lo menos uno de sus adversarios. Sin embargo, pensar que Ulises va ganando es un error. La tensión y los peligros que enfrenta hoy Oaxaca van a terminar convenciendo a los priistas de que para salvar algo del control que tenían sobre ese estado no basta con la presencia de la PFP. Va a caer, el asunto es cuándo y a qué precio.

El Congreso

Pierde. Quizá técnicamente la votación de los senadores fue la correcta y efectivamente la figura de la desaparición de poderes no era aplicable a este caso, pero eso es para los especialistas. Para todos los demás fue la prueba, una más, de que ni senadores ni diputados son capaces de resolver los conflictos y los problemas que enfrenta el país.

Los oaxaqueños

Pierden. No hay tiempo en los medios electrónicos ni espacio en los periódicos para contar todas las tragedias personales y familiares que ha provocado este conflicto. Detrás de cada imagen que transmitimos de enfrentamientos y violencia hay decenas de historias de miedo y dolor. Dos ejemplos recientes que no pudimos mostrar: Claudia, defeña que se fue junto con su marido arquitecto a vivir a la tranquila y bella Oaxaca tuvo el viernes pasado la mala suerte de quedar en medio del enfrentamiento entre paramilitares y appos en el que murió el fotógrafo estadunidense Bradley Will. En las imágenes vimos el enfrentamiento, los gritos, las carreras y el desconcierto. Vimos también que apedreaban y abrían casas de donde decían que salían los disparos. En una de ésas estaba Claudia sola y aterrada escondida en el baño. Los opositores a Ulises Ruiz entraron, robaron todo y destruyeron lo demás. Ella pudo escapar por la barda de atrás gracias a la ayuda de sus vecinos. Hoy sólo piensa en volver a la Ciudad de México.

Zenaida Vallarta, de San Isidro, Buenos Aires, lleva tres meses viviendo en un cuarto de azotea en la Ciudad de México, dejó todo para que sus tres hijos pudieran seguir yendo a clases.

Como éstas, son miles las historias que nunca podrán ser contadas pero demuestran que los grandes perdedores de este conflicto son, sin lugar a dudas, los oaxaqueños.

DENISE MAERKER
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Solución real

por Sergio Sarmiento
publicado el 31 de octubre en Reforma

"No es que no puedan ver la solución: es que no ven el problema".
G.K. Chesterton

La recuperación de la ciudad de Oaxaca por la Policía Federal Preventiva era indispensable pero no resuelve el conflicto del estado. Hay decisiones muy importantes que deberán tomarse en los próximos días y que definirán en buena medida el rumbo que tome la situación. En este momento el conflicto simplemente está en estado de suspensión.


Si consideramos las dificultades del operativo del domingo pasado, habrá que reconocer que éste se hizo con gran limpieza y eficacia. En las dos ocasiones anteriores en este año en que se había usado la Policía Federal Preventiva en contra de grupos organizados, en Sicartsa y San Salvador Atenco, los resultados fueron muy negativos. Este 29 de octubre las cosas marcharon bastante mejor.

No es fácil para un grupo de policías entrar desarmados a un lugar en el que son agredidos a pedradas, con bombas molotov y petardos por un grupo de activistas. De hecho, uno de los factores que parece haber incidido en las violaciones a los derechos humanos cometidas por efectivos de la fuerza pública en el operativo de San Salvador Atenco de este año era el deseo de venganza después de las golpizas que varios de sus compañeros sufrieron en el primer intento por recuperar la cabecera municipal.

Este 29 de octubre, según la información que tenemos disponible, el ingreso de los efectivos armados sólo con escudos y toletes fue sistemático y bien organizado. Los dirigentes de la APPO afirmaron que tres personas habían fallecido como consecuencia del ingreso de la PFP a Oaxaca. Pero dos de los supuestos cuerpos no han sido encontrados. Por otra parte, un joven de nombre Jorge Alberto López Beltrán sí falleció en el operativo. Según la APPO, murió como consecuencia de haber recibido en el pecho una cápsula de gas lacrimógeno. El Gobierno federal, sin embargo, afirma que falleció tras estallarle en las manos un petardo que él mismo preparaba para arrojar a la fuerza federal.

Si consideramos que sólo participaron en la acción de Oaxaca poco más de 4 mil efectivos de la PFP, debe considerarse más meritorio todavía el operativo. Mucho se había señalado que se requeriría una fuerza muy superior para recuperar la ciudad. Una fuerza insuficiente, se había señalado, llevaría a una confrontación violenta que no podría recuperar Oaxaca. Con insistencia se señalaba el fallido intento de la policía estatal oaxaqueña por levantar los bloqueos del 14 de junio de este año.

Independientemente de las circunstancias del operativo, sin embargo, no hay duda de que la intervención de la PFP no constituye una solución definitiva al conflicto de Oaxaca. La Policía Federal Preventiva no podrá permanecer en las calles de la ciudad de manera indefinida. Tarde o temprano las fuerzas municipales y estatales tendrán que resumir sus funciones. Y si ya éstas demostraron ser insuficientes o incapaces para mantener la paz, todo parecería indicar que al retirarse la PFP la situación en Oaxaca regresaría a la condición que tuvo hasta este domingo pasado.

De hecho, la PFP no ha podido recuperar todo el estado. Ayer, pequeños grupos de simpatizantes de la APPO desquiciaron el tránsito en la zona del istmo al llevar a cabo bloqueos estratégicos de las carreteras de la zona. La PFP, ocupada como estaba en su intervención de la capital del estado, no pudo liberar esas carreteras.

Por otra parte, a pesar de la votación de la sección 22 para regresar a las aulas, las clases no se han reanudado en buena parte de Oaxaca. Esto significa que el SNTE sigue teniendo un ejército de maestros listos a unirse a las protestas contra el gobernador Ulises Ruiz.

Es necesario, así, considerar una vez más la renuncia del gobernador como una salida posible. Poco importa si esto es justo o no. Lo importante es que Ruiz no ha mostrado hasta ahora la capacidad de mantener el estado bajo control, como lo demostró el prolongado bloqueo que la sección 22 del SNTE y la APPO mantuvieron sobre Oaxaca. Un gobernador que sólo puede mantener libres las calles de su capital cuando tiene respaldo federal no merece estar en el cargo.

Es un precedente muy peligroso permitir que una serie de manifestaciones y bloqueos de una ciudad lleven a la renuncia forzada de un gobernador. El incentivo para que en otros lugares del país se lleven a cabo ese mismo tipo de movilizaciones para derrocar a otros mandatarios de partidos que no pertenezcan a los grupos violentos de poder sería enorme. Pero más peligroso es que un gobernador se aferre al poder cuando ya ha demostrado no tener la fuerza para enfrentar a sus opositores más violentos. Si el gobernador Ruiz no puede sobrevivir más que con la presencia de la fuerza pública federal, entonces ha llegado el momento para que deje su cargo a alguien que sí pueda cumplir con las responsabilidades que este implica.

Monopolios

Qué triste es la realidad de nuestro país. Tenemos monopolios u oligopolios en todos los campos en que éstos son dañinos para la economía y para los consumidores: desde el petróleo y la electricidad hasta la telefonía y la televisión. En cambio, ése único monopolio que debería tener el Estado para garantizar su función, el monopolio del uso de la fuerza, es el que no tiene el Gobierno. Grupos políticos radicales, sindicatos, narcotraficantes y bandas criminales de todo tipo hacen lo que quieren sin que el gobierno tenga la capacidad de enfrentarlos.


SERGIO SARMIENTO
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Los muertos de Oaxaca

editorial de El Universal
publicado el 31 de octubre


Nos afrenta la creciente lista de muertos en Oaxaca provocada por la carencia de disposición y de habilidad para negociar el problema magisterial y social de una manera pacífica. La atención mediática se centra en el cadáver de un periodista extranjero. Sin embargo, estos lamentables fallecimientos son, en realidad, los más recientes de una larga lista de muertes anteriores, no cubiertas por la prensa, pero que a diario se suscitan por hambre y carencias en una de las entidades con mayor marginación del país.

No exageramos. Oaxaca es la tercera entidad más pobre de México, con un índice de marginación de 2.13, apenas arriba de Chiapas (2.31) y Guerrero (2.41). La franja sureña que va del Pacífico al Golfo tiene un fuerte componente de población indígena y viejos rezagos en alimentación, salud, educación, vivienda, empleo y comunicaciones.

Oaxaca es un fresco ejemplo de estados con potencialidades económicas vastas, pero con poblaciones muy pobres, sobreexplotadas y marginadas.

Ningún proyecto es factible cuando los habitantes no tienen los servicios más indispensables y, al mismo tiempo, los grupos de poder locales se enfrascan en disputas mezquinas.

La solución a los problemas de Oaxaca deben hacerse entonces en dos tiempos: cambios en lo inmediato y reformas para el largo plazo.

Para resolver la coyuntura se han comenzado a dar pasos con el ingreso de la Policía Federal Preventiva a la capital del estado para restablecer el orden alterado durante los últimos cinco meses, lo cual celebra una parte importante de la población oaxaqueña.

También, todo parece indicar que el ciclo del gobernador Ulises Ruiz Ortiz ha terminado. No se ve que haya las condiciones para que la entidad recobre gobernabilidad bajo su mando, ni mucho menos que pueda ser él quien encabece la colosal tarea de la restauración total de Oaxaca. Legisladores de todas las bancadas en el Congreso de la Unión, incluso los senadores de su propio partido, el PRI, le han sugerido que piense en su retirada, planteamiento que debe considerar con toda seriedad.

Es muy probable que el gobernador Ulises Ruiz Ortiz haga mutis, pero nada garantiza que quien lo sustituya sea mejor que él. Por eso es que hay que trabajar en las reformas para el largo plazo que el estado necesita. Los ciudadanos requieren mejores instrumentos de fiscalización y control de los gobernantes, para que no tengan que enfrentarlos ocupando los edificios públicos y levantando barricadas en las calles.

Si hay alguna lección de lo ocurrido en Oaxaca es que todos los conflictos nos atañen, por pequeños o locales que parezcan, y que la mayoría de los problemas que desembocan en estallidos sociales tienen causas profundas y comunes que debieron ser atendidas a tiempo, para evitarlos.

Los problemas fundamentales de la entidad están lejos de ser resueltos, y mientras ello no suceda la paz social estará en riesgo permanente, por lo que hay que empezar hoy a evitar las probables muertes de mañana.

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Oaxaca al revés

por Ricardo Alemán
publicado el 31 de octubre en El Universal


No se entiende por qué un Estado democrático tuvo miedo al uso de la fuerza pública para evitar que creciera el conflicto

En un largo mensaje electrónico, un mexicano que vive en algún lugar de Europa dice estar atento a lo que ocurre en su tierra, Oaxaca. Intenta sin suerte entender lo que está ocurriendo, pero su sólida formación en países con una larga cultura democrática, de respeto al derecho y aplicación de la justicia, de respeto a los derechos humanos, le impiden entender lo que llama el "México al revés", que es un fenómeno aplicable a todo el país, pero que se manifiesta con más claridad en el "Oaxaca al revés" que vivimos.


Ese mexicano educado en democracias formales no entiende, por ejemplo, de qué democracia se habla en México cuando un grupo social fundamental para la democracia, el magisterio, protesta contra los presuntos abusos del poder paralizando la educación de un millón de educandos. No entiende cómo es que no existe autoridad capaz de impedir ese crimen de lesa humanidad. No entiende cómo es que se paga el salario a los maestros que no cumplen con su misión, y cómo es que recibirán los salarios caídos y hasta un bono económico.

No se entiende cómo un gobierno como el de Vicente Fox -que inauguró la democracia electoral en México- ofrece más de 40 mil millones de pesos para la nivelación salarial de los maestros, cinco meses después de que esa fue la demanda de origen, con lo que se creó un espacio de ingobernabilidad y ruina económica de un estado como Oaxaca. ¿Quiere decir eso que son efectivas y permitidas por el Estado mexicano la presión ilegal, el chantaje, la ilegalidad, la anarquía, el crimen, la violación de libertades básicas y de los derechos humanos?

No se entiende por qué un Estado democrático, legalmente constituido como el que encabeza Fox, tuvo miedo al uso de la fuerza pública para evitar que creciera el conflicto, para impedir el vandalismo, la guerrilla urbana en el centro de Oaxaca, las barricadas, el estado de excepción, la creación de tribunales populares y juicios sumarios, la denigración pública de los que esos tribunales consideran enemigos, la destrucción de oficinas públicas, el asalto a estaciones de radio y canales de televisión, el uso de esos medios para estimular el terror y llamar al ajusticiamiento de los que se oponen a ese vandalismo. En una democracia real los reclamos legítimos del magisterio y de la APPO se resuelven por los canales institucionales, mientras la barbarie desatada, los grupos radicales se contienen mediante el uso de la fuerza pública.

No se entiende cómo mientras el vandalismo impide siquiera el libre tránsito de los oaxaqueños, meses después de que estalló la crisis se decide llamar al diálogo entre el gobierno y los promotores de la violencia. Y otra vez las mesas de diálogo se convierten en la legitimación del uso de la violencia contra la estabilidad del Estado. Porque no sólo se cumplen hasta el colmo las demandas de origen de los rebeldes, sino que se pacta la impunidad de la APPO y el magisterio, como si fuera juego de niños lo que han provocado en Oaxaca. Esos diálogos no fueron más que la validación de que la violencia, la ilegalidad, y el crimen son instrumentos legítimos en la democracia mexicana.

No se entiende cómo el gobierno de Ulises Ruiz despliega, de manera impune, grupos paramilitares que con armas de alto poder enfrentan a los rebeldes -los que si bien deben ser reprimidos con el uso de la fuerza pública no pueden ser sujetos de venganzas policiacas-, lo que convierte a esos grupos paramilitares en enemigos del Estado, iguales a los que dicen combatir. Y tampoco se entiende cómo es que nadie hace ni dice nada sobre los grupos paramilitares que también existen entre los rebeldes de la APPO y el magisterio, los que han asesinado a más de uno de los oaxaqueños que piensan y actúan distinto a ellos, que fueron muertos a golpes, degollados, a navajazos.

No se entiende que la impunidad reine en Oaxaca, que a pesar de que el número de personas muertas supere a los 15, y que no exista un solo detenido, un solo juicio contra los responsables. Se entiende que los encargados de velar por los derechos humanos denuncien la violación de las garantías individuales en el caso de las acciones policiacas y parapoliciacas, pero no se entiende el silencio sobre las atrocidades cometidas por la APPO y el magisterio. No se entiende la razón para permitir que frecuencias radiales, en Oaxaca y el DF -ilegales y en manos de los rebeldes-, sean poderosos instrumentos para estimular la violencia, más que las reivindicaciones sociales.

No se entiende el concepto de democracia del gobierno de Vicente Fox, del sistema de partidos -PRI, PAN, PRD, Convergencia, PVEM, PT y otros-, de instituciones del Estado como las cámaras del Congreso, que defiendan sus alianzas, sus cotos de poder, sus venganzas políticas y hasta personales, sus gobiernos, por sobre el interés superior de la nación y de Oaxaca, por sobre el interés de los oaxaqueños, y por sobre la razón de ser del propio Estado mexicano; razón que no es otra que la defensa de los bienes y las personas. Pronto caerá Ulises Ruiz, pero si en México se vive en una democracia real, también deberán caer las cabezas de los promotores de la revuelta. Al tiempo.

RICARDO ALEMÁN
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Punto de partida

por Javier Corral Jurado
publicado el 31 de octubre en El Universal


Duele Oaxaca por todos lados. La intervención policiaca del domingo, aunque aparentemente con saldo blanco, está lejos de ser la solución al conflicto social que desde hace muchos años se ha venido incubando y que se ha exteriorizado en los últimos cinco meses. Quienes en ello confíen, se equivocan de cabo a rabo. Será difícil y oneroso para la Federación mantener a la policía en el estado para imponer el orden y decretar la paz, en nombre del restablecimiento del estado de derecho, el que para muchos jamás ha existido: "Quienes hoy claman respeto a las leyes las han violado constantemente, desde los poderes constituidos, y han montado un edificio jurídico aberrante y obsoleto".

El caldo de cultivo de lo que hoy se vive es la profunda desigualdad y pobreza de esa región, dominada en los últimos dos sexenios -para completar la desgracia- por el peor de los priísmos, el que conjunta la supina ignorancia con el autoritarismo y la corrupción. Oaxaca ha sido saqueada, como otros estados del país, a manos de sus gobernantes. La operación quirúrgica no borrará esa memoria. No comprender esa realidad puede llevar al poder a una catastrófica vacilación.

Visité Oaxaca la semana pasada. Me invitó Francisco Toledo, el pintor juchiteco que despliega ya su obra por todo el mundo y con quien he trabado una relación de afecto y amistad. Fui al Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca para hablar del futuro de la radio comunitaria e indígena en México, la manera en que se le ha cerrado el paso a su existencia, como una de las consecuencias de las recientes reformas a la Ley Federal de Radio y Televisión. Digo en mi charla que a la gente no se le puede expulsar así nomás de la radiodifusión social, ni negársele el derecho a comunicarse, porque ese derecho que es necesidad, buscará alternativas, legales o ilegales.

Con esta perspectiva comunicacional me acerco a todo lo demás que hoy pasa en Oaxaca, para comprender los entramados del problema, y aquí al igual que en otras regiones del país, la tensión social y la confrontación popular son historias comunicacionales: la ausencia permanente de las voces adoloridas y la voz única repetida hasta la saturación del que "manda sin obedecer". Tarde que temprano la voz anulada se convierte en grito desesperado.

Tengo la fortuna de encontrarme con Gustavo Esteva, quien me dice: "Después de esto, Oaxaca ya no será lo mismo; quiérase o no, el estado tiene que cambiar". Él es uno de los que contribuye a la Iniciativa Ciudadana de Diálogo por la Paz, la Democracia y la Justicia en Oaxaca. Ha formulado desde el Centro de Encuentros y Diálogos Interculturales, AC un documento insoslayable para quienes deseen asomarse sin prejuicios a esa realidad; "Reflexiones en el punto de partida" busca encauzar el diálogo social inaugurado el 12 de octubre pasado, en un acto en que participó un colectivo muy representativo de todos los sectores de la sociedad oaxaqueña. El esfuerzo es complejo, diálogo nada fácil, "existen muchos agravios acumulados, tanto los causados por las estructuras del poder político y económico como los generados por nosotros mismos".

Esa iniciativa es el esfuerzo más serio, dotado de gran honestidad intelectual, para transformar la irritación en diálogo, y luego en participación ciudadana en la construcción de "propuestas coherentes para cumplir funciones básicas en la vida social cotidiana, estableciendo con claridad las responsabilidades respectivas de la sociedad y el Estado y definiendo los mecanismos legales y sociales que permitirán el control social de las instituciones".

En efecto, Oaxaca está ahora en el punto de partida, de nuevo. Es fundamental entenderlo así, aunque claramente mantengamos la conciencia de que por supuesto no es de ahora el conflicto ni sólo se trata de la anual escaramuza magisterial que ha servido más para asegurar privilegios a unos cuantos líderes del sindicato, que para mejorar condiciones salariales de los profesores. Es la acumulación de agravios históricos, desde la visión oligárquica que entraña un profundo desdén por la gente. La entidad de la miseria en la que muchos no tienen nada y muy pocos tienen fortunas inmensas. El estado que Manuel J. Clouthier, siendo candidato del PAN a la Presidencia, vio preocupado con ojos de empresario y líder demócrata: "En Oaxaca, amigos, pasa algo grave, tienen ricos muy ricos, pero no hay industrias".

El momento no es fruto de lo casual o sólo animado por el radicalismo de grupos de izquierda que acechan la oportunidad del conflicto para escalar sus posturas violentas. Es la conjunción de dos sentimientos que ahora han cobrado visibilidad y acción: el abandono y profundo desprecio por la gente, y el autoritarismo que reta a la movilización social y la condena al desgaste, al cansancio. No, no se cansarán, al contrario, dijeron basta y quieren cambiar de fondo un sistema injusto, aprovecharon la ocasión, coincidieron con los maestros, pero son mucho más que ellos. Entenderlo es vital para encontrar una solución verdadera.

JAVIER CORRAL JURADO
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Oaxaca: un problema de seguridad nacional

por Regina Santiago Núñez
publicado el 31 de octubre en La Crónica


A partir del 2 de julio en que López Obrador no pudo proclamarse presidente electo, Oaxaca y la APPO cobraron mayor relevancia en su estrategia de resistencia civil. Ha sido una relación desigual, pues aunque AMLO la reconoce abiertamente y los líderes de la APPO también, gente como Jesús Ortega o Manuel Camacho prefieren sacar todo el provecho de ella, haciendo malabares retóricos para tratar de mantenerla en la clandestinidad.


Pero la realidad se les viene encima. En su más reciente asamblea la APPO adoptó como resolutivo el lema: Si Ulises no se va, Calderón no Pasará y amenazó con que si a Ulises Ruiz no se le obligaba a dejar el cargo ofrecería el Palacio de Gobierno de Oaxaca a López Obrador para que ahí instalara su presidencia legítima.

Un aspecto poco explorado del conflicto oaxaqueño lo ubica, junto con la resistencia de AMLO, en el marco del proceso electoral en Estados Unidos. La muerte del periodista Brad Will ha llevado algunos reflectores hacia ese terreno y hacia el financiamiento que personajes del Partido Demócrata han dado al periodismo alternativo ligado a movimientos sociales y grupos armados en México.

Hoy sabemos que el EZLN es un movimiento que basa su fuerza en el manejo mediático. De su experiencia han aprendido movimientos como la APPO y comienzan a hacerlo otros grupos armados. El lunes 23 de octubre, en algún lugar de Guerrero, comandantes del Movimiento Revolucionario Lucio Cabañas Barrientos y la Tendencia Democrática Revolucionaria-Ejército del Pueblo revelaron a un grupo de periodistas afines que en estos momentos existen las condiciones para que se unan por lo menos cinco grupos armados —entre ellos el EZLN— para apoyar a la APPO o al movimiento de López Obrador ante posibles actos de represión, ya sea de parte del gobierno de Fox o del de Calderón. Anunciaron contactos para establecer una estrategia conjunta.

Es en ese contexto que el sábado 28 de octubre, tras un día de altos niveles de violencia que ocasionó varias muertes, en la ciudad de Oaxaca y los alrededores, la Policía Federal Preventiva es enviada con la misión de preservar el orden y garantizar la seguridad en el estado. Durante casi cinco meses, diagnósticos erróneos y/o tramposos convirtieron un conflicto magisterial en un polvorín político. Oaxaca 2006 y el Chiapas 1994: Un problema de seguridad nacional.

La reveladora muerte de un periodista

El viernes 27 de octubre, mientras acompañaba al subcomandante Marcos en su gira por Sonora, Al Giordano, cabeza visible del sitio de periodismo alternativo Narco News, recibió la noticia de la muerte de su amigo y compañero de batalla en Bolivia y otras aventuras, el periodista norteamericano Brad Will.

Giordano obtuvo de inmediato un mensaje de solidaridad del subcomandante Marcos y la promesa de que se movilizarían a nivel nacional e internacional para que Brad Will fuera tratado no sólo como un compañero, sino como un héroe de la lucha por la libertad.

En la red de influencia mediática del EZLN hubo una enérgica condena contra el gobierno de Ulises Ruiz, responsabilizándolo del crimen. Sin embargo, por lo que el propio Giordano dejó escrito al relatar la muerte de su amigo es posible inferir que le surgieron dudas y un cierto sentimiento de culpa: ¿Por qué Brad Will no le hizo caso e insistió en incursionar en los terrenos de la APPO, donde él no podía asegurarle protección? ¿Por qué irse por la libre sin seguir sus instrucciones?

En su comentario para Narco News, Al Giordano recuerda que el 26 de septiembre pasado, poco antes de viajar a México, Brad Will le escribió pidiéndole que le proporcionara los contactos de Narco News en Oaxaca. Luego, Giordano señala: Conociendo la mala suerte que había tenido Brad cubriendo otras historias, sus dificultades con la lengua española, y el riesgo elevado para periodistas independientes que no han sido “incrustados” a través de un tiempo (y de esta manera reconocidos por la gente) en Oaxaca, le rogué que no fuera, que viajara a Atenco para informar sobre lo que estaba ocurriendo ahí con la llegada de los comandantes zapatistas.

Nuestro equipo en Oaxaca está bien incrustado —dice Giordano—, hay un chingo de otros internacionales vagando por ahí buscando hacer el súper reportaje, pero la situación está muy delicada. La APPO no confía en nadie que no conozca desde hace años, y me siguen diciendo que no envíe novatos, porque la situación está tan jodidamente tensa… Si vienes a México, te recomendaría mejor que vayas al DF y Atenco para que informes sobre lo que está por empezar. La APPO es (con razón) muy desconfiada con gente que no conoce desde antes. Y ya tenemos suficiente mano de obra ahí para seguir informando las novedades. Pero lo que va a pasar en Atenco-DF sí requiere más manos a la obra”.

Brad contestó esa misma noche, sin inmutarse: ¡Hey! Gracias por la respuesta rápida… tengo una cámara HD profesional… he escuchado rumores sobre el nivel de desconfianza en Oaxaca y es desconcertante. Creo que voy de todas formas… no les diré que me enviaste y estoy dispuesto a tener en cuenta otras sugerencias sobre cómo pasar mi tiempo allí… No sé qué pasará en Atenco durante los próximos días. Tal vez me comunico con La Otra (Campaña) capítulo dos en algún lugar por el camino. Qué bien recibir noticias tuyas.

http://www.narconews.com/Issue43/articulo2223.html

Luis Hernández Navarro es coordinador editorial de La Jornada y Narco News constantemente retoma sus colaboraciones. El lunes 30 de octubre, escribió un texto que en cierta forma enmienda la plana a Giordano. En él señala: Brad Will fue asesinado el pasado 27 de octubre. Grababa el ataque de pistoleros al servicio de Ulises Ruiz en contra de las barricadas levantadas en la colonia Calicanto. Un regidor, el jefe de seguridad de la alcaldía y dos policías disparaban a los opositores al gobernador del estado. También lo hicieron contra Brad, que documentó la agresión, siempre detrás de un grupo de jóvenes. No se expuso —ahí es donde choca con Giordano—, pero los pistoleros lo tenían en la mira. Cayó abatido a balazos.

Más allá de cualquier estrategia política o mediática, la muerte de este periodista debe investigarse y castigarse, como otras agresiones a periodistas —entre ellos Ricardo Rocha e Ixtli Martínez—, la del maestro perteneciente al grupo opuesto a la Sección 22 y las de los miembros de la APPO. Es necesario y urgente frenar la violencia que ha surgido desde todos los bandos.

EZLN, APPO, AMLO y la ruta del financiamiento

Pero volvamos a la muerte de Brad Will. El intercambio de mensajes entre él y su amigo Giordano deja al descubierto los vasos comunicantes entre Atenco, el DF y Oaxaca; la APPO, el EZLN y el lopezobradorismo.

Narco News es un sitio de periodismo alternativo que respalda a Hugo Chávez, Evo Morales, la OLP y el EZLN. El 9 de noviembre de 2004, el sitio web difundió una carta de la congresista Cynthia McKinney (demócrata por Georgia) en la que ésta solicita financiamiento para este proyecto de periodismo alternativo.

McKinney se ha distinguido por una línea fuertemente crítica al gobierno de Bush en las áreas de seguridad y lucha anti-drogas. En el 2000 Gore le ayudó a obtener financiamiento y actualmente se le considera cercana al grupo de Clinton. McKinney fue la primera en plantear, en 2002, que el 11 de septiembre EU realizó una especie de autoatentado. Posteriormente Clinton utilizó ese argumento para atacar a Bush en el marco de la campaña electoral para definir la composición del Congreso, este noviembre.

McKinney recibe sus apoyos especialmente de sindicatos, y comités de acción política ligados a banderas globalifóbicas (ecologistas, derechos humanos y el movimiento gay).

La gran mayoría de sus contribuyentes individuales son árabe-americanos del estado de Georgia. El alinearse públicamente con los intereses de Arabia Saudita le ha generado problemas. Asimismo, su cercanía con Louis Farrakhan, el líder de la Nación del Islam de línea anti-semita, provoca que sea vista con desconfianza por un sector de la comunidad judía.

El 5 de septiembre, The Wall Street Journal había hecho notar que en un artículo publicado el 9 de julio en The Washington Post, Ronald Klain, quien fuera asesor de la campaña de Al Gore, sugirió que López Obrador llamara a sus simpatizantes a tomar las calles cuestionando la legitimidad de las elecciones del 2 de julio y pidiendo el recuento de votos. El tema del recuento de votos fue abordado muy ampliamente por Narco News.

REGINA SANTIAGO NÚÑEZ
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Ulises sí, ¿y los otros?

por Pepe Grillo
publicado el 31 de octubre en La Crónica


Que se quite Ulises Ruiz, que ya no estorbe, parece que en eso todos estamos de acuerdo, hasta el PRI, según se vio en el Congreso.
Pero no coincidimos en algo que todos debiéramos reclamar: que paguen los que violaron la ley.
Porque lo de Ulises es político.
Y los robos, daños a casas, vehículos y edificios; lesiones, ataques con pistolas y explosivos, secuestro de radiodifusoras y homicidio, tienen que ver con el fundamental estado de derecho.
Sí, que se vaya Ulises, pero que no haya impunidad para delincuentes.


Duro contra la educación
No están controlados todavía los appos y maestros en Oaxaca.
Ahora se plantan en otra plaza, son los más violentos, los que apedrean y bombardean a la PFP para después llamarse agredidos.
Y también están en la universidad oaxaqueña, de la que el rector dijo que defenderá su soberanía.
No aclaró que la defenderá de la PFP, no de appos y maestros.
Es decir, golpean por más de 160 días a la educación básica, y ahora van sobre la enseñanza superior.

PEPE GRILLO
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lunes, octubre 30, 2006

Hay 28 condenados a muerte

por Raymundo Riva Palacio
publicado el 30 de octubre en El Universal


Detrás del barullo político en Oaxaca se encuentra otra confrontación, entre los maestros, cuyo saldo en víctimas amenaza ir en aumento

Jaime René Calvo era un profesor oaxaqueño disidente de la sección 22. La noche del 6 de octubre pasado salió de su casa para una reunión con sus compañeros de lucha que se oponían al prolongado paro magisterial y pugnaban por el retorno a clases. A dos cuadras de llegar a esa junta, un grupo de desconocidos lo interceptó, lo golpeó, lo torturó y, finalmente, en el mejor estilo de los escuadrones de la muerte de El Salvador en los 80, lo degollaron. Fue el primer maestro muerto en el largo conflicto en Oaxaca y el embrión de una cacería de brujas anunciada.

Calvo era miembro activo del Consejo Central de Lucha (CCL), creado en noviembre del año pasado después de que 237 maestros de tres distintas corrientes militantes de la sección 22 fueron expulsados en una lucha de poder que ganaron las tres corrientes restantes de esa sección, disidente desde hace 26 años del SNTE, que dirige aún Enrique Rueda. Desde noviembre, la sección 22 fue marginando a sus propios disidentes hostigándolos al grado de considerar la aniquilación de algunos de ellos. No se sabe aún quién ordenó el asesinato de Calvo, o quiénes lo ejecutaron. Lo que sí se sabe es quiénes siguen en la lista de la muerte.

En una octavilla que circula en Oaxaca, se señala: "Estos son los traidores al Movimiento Democrático Magisterial de la sección 22 que pertenecen al C.C.L. (Club de Cerdos Lamebotas) y que están al servicio del represor y asesino Ulises Ruiz Ortiz; que por unos cuantos pesos venden su conciencia y dignidad. Si los ves repúdialos, a estos cerdos. ¡No pasarán!". La lista es pública. Profesores: Fernando Valdés, Pedro Pablo Guenduláin, Roberto Gómez, Luciano Rivera, Joaquín Hernández, Jaime René Calvo, Jesús Reynaldo San Juan, Juan Román Castillo, Joaquín Badillo, Zeferino Pérez, Orquídea Silva, Elsa Ortiz, Irene Ilescas y Elena Naranjo. Prefectos: Alma Delia García, Rocío Chávez, Anastasia Alavez y Josefina Juárez. Secretarias: Esther Sánchez y Angélica Salazar. Intendentes: Alfonso Zárate, Tobías de la Rosa, Jorge Sánchez, Abel Pérez, Bulmaro Juárez, Susana Altamirano y Ernesto Sánchez. El profesor Calvo ya fue ejecutado y la lista se ha incrementado.

El siguiente con la instrucción de asesinarlo es Luis Pérez Cárdenas, cuya fotografía se encuentra pegada en todo el centro histórico de Oaxaca junto con una leyenda que dice: "¡Se busca! Enviado y asesino de Elba Esther Gordillo en Oaxaca. Creador del CCL. Si lo ve, ¡denúncielo o mátelo!".

La circulación de los documentos no ha sido lo único para identificarlos. Durante semanas, por la radio y en mítines miembros de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO) estuvieron haciendo llamados públicos para que fueran tras ellos. La Rosa de Tokio oaxaqueña es María del Carmen López Vázquez, una maestra de preescolar que pertenece a la corriente de la Unión de Trabajadores de la Educación (UTE), la más radical dentro de la sección 22, pero la que menos representatividad de maestros tiene, y que pertenece a una organización que fundó su esposo, la Organización India por los Derechos Humanos de Oaxaca (OIDHO). López Vázquez, a quien apodan La Jicayán, había venido denunciando en reuniones secretas del ala radical de la sección al profesor Calvo, y había amenazado a miembros del CCL que si no apoyaban el paro magisterial, "tendrían una muestra que los impresionaría y los desmoralizaría". No hay datos públicos que la vinculen al asesinato de Calvo, que había sido cercano a ella, salvo la manera incendiaria con la que se comportaba ocho horas diarias frente a los micrófonos de La Ley.

López Vázquez es uno de los estudios de caso más importantes en el largo conflicto magisterial en Oaxaca. La figura que públicamente ha sido la más beligerante en la entidad, es poco conocida fuera del principal escenario de la confrontación magisterial. Un informe de inteligencia muestra a grandes rasgos su poderío dentro de la resistencia magisterial y la forma como tenía arrinconado a Rueda para evitar que claudicara y le diera la espalda al movimiento popular que busca la destitución del gobernador. Ha sido ella, según el mismo reporte, un factor importante en la vinculación del movimiento popular con los movimientos armados en Oaxaca, aunque no se establece ningún vínculo directo entre ella y la guerrilla. La aspiración clara que tiene, de acuerdo con ese mismo documento, es ser la próxima dirigente de la sección 22.

La simple posibilidad de que eso sucediera abre nuevas venas de temores. Detrás del conflicto de la sección 22 y la APPO contra el gobierno de Ruiz, se encuentra también la lucha interna del magisterio y el proyecto político que se tiene para Oaxaca. La expulsión de los maestros que ahora integran el CCL allanó el camino para que en abril se celebrara el primer consejo político de la sección 22 donde se pronunciaron por primera vez por la destitución del gobernador Ruiz. Es decir, un mes antes de la movilización que realizan los maestros oaxaqueños desde hace 26 años en mayo, la cabeza de Ruiz era ya un pronunciamiento abierto. Rueda, que había sido cooptado por el gobierno de Ruiz con regalos y prebendas, y cuya destitución el año pasado fue evitada por el apoyo de la UTE, génesis de la expulsión de los 237 maestros, perdió el control real de la sección. Le falló a Ruiz para contener la protesta magisterial y se convirtió en una política. Falló en los acuerdos internos para no pronunciarse por ningún candidato cuando, previo a la elección presidencial, la APPO lo obligó a respaldar un pronunciamiento para no votar por Felipe Calderón ni por Roberto Madrazo. Traicionó, en la lógica de la APPO y la UTE, al impedir que la mayoría de los maestros oaxaqueños votaran por mantener el paro, y que su anterior aliado, el gobernador, no despidiera a todos los mandos de confianza que la sección 22 tenía incrustados en el Instituto de Educación estatal.

Los descalabros de Rueda los descobijaron política y económicamente. El jueves pasado se rompió la frágil cohesión dentro de la sección 22 al votar por el regreso a clases. Rueda dejó de ser funcional al sector más radical, la UTE, y por tanto, a la APPO. La crisis de violencia del viernes fue resultado directo de esa ruptura con los extremistas, cuya cara más visible es la de Vázquez López. La UTE ya no pudo sabotear la votación magisterial del regreso a clases y la APPO aún quiere impedir que esto suceda a partir del lunes. Rueda era el último eslabón para justificar su oposición a Ruiz y, sin la cobertura de los maestros, quedan expuestos sus objetivos extramagisteriales. Rueda, como otros maestros, está escondido, acusado desde el viernes de traidor, pero aún fuera de la lista de condenados a muerte. La pugna en Oaxaca está lejos de estar apagada. La ejecución del profesor Calvo fue una muestra de lo que todavía pudiera ser la larga noche de cuchillos largos en Oaxaca.

RAYMUNDO RIVA PALACIO
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Oaxaca: la hora temida

editorial de El Universal
publicado el 30 de octubre


Ante la imposibilidad de convenir acuerdos para llegar a una solución pacífica, el gobierno federal tomó la más temida decisión, exigida por algunos pero repudiada por otros: ordenar a las fuerzas del orden recuperar la capital de Oaxaca en manos de la sección 22 del magisterio y de integrantes de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO).

El desalojo de estos manifestantes fue largamente pospuesto por el gobierno, debido a los riesgos que implicaba el hecho, aunque se había planeado como una "operación quirúrgica". Sin embargo, el tiempo se agotó. Las fuerzas federales entraron a cumplir su cometido, desarmados, pero con todo el poder que les otorga su propia condición y el avanzado equipo antimotines contra el cual no hay fuerza que resista.

La intervención federal había sido reiteradamente solicitada por el gobierno local debido al agravamiento de los trastornos que durante más de cinco meses han causado 14 muertes y daños multimillonarios. El punto crítico, anterior al envío de tropas policiales, ocurrió el viernes 27, cuando cuatro personas, entre ellas el camarógrafo estadounidense de televisión Bradley Roland Will, de 36 años, fueron abatidas a tiros.

Varias veces hubo promisorios avances en las negociaciones entre el gobierno federal y los representantes de los maestros y de la APPO, que se vieron frustrados por la negativa de unos y la exigencia de otros a proceder en la destitución del gobernador Ulises Ruiz Ortiz. El último acuerdo anunciaba la vuelta a clases hoy, lunes.

El gobierno federal resistió fuertes presiones de quienes, con el argumento legítimo de garantizar la seguridad y el orden, le exigían restablecer el estado de derecho. Pero al mismo tiempo desatendió la demanda de quienes pusieron como condición la renuncia del gobernador. Hasta ahora, cuando la situación se ha complicado en extremo, se tomó la medida más indeseable.

Sólo queda esperar que esta operación resulte verdaderamente "quirúrgica" y no aumente el saldo negativo que ya acumula el conflicto en la entidad y es de esperar que se lleve a cabo sin la brutalidad ni los abusos que distinguieron los sucesos de San Salvador Atenco, en el estado de México, hace seis meses justamente esta semana.

La situación es sumamente delicada, los ánimos están exacerbados y la sociedad agotada por un conflicto descompuesto por los excesos particulares, la intromisión de intereses políticos ajenos y la intransigencia de ambas partes.

México necesita certidumbre. Esperemos que el paso dado ayer por el gobierno federal sea sólo el tránsito para restablecer la normalidad democrática en el estado sureño, pero también el inicio para atender las demandas populares que detonaron el conflicto. Habrá que hacer un balance para deslindar responsabilidades entre todos los actores que complicaron la situación.

No sobra advertir que diversos organismos de defensa de los derechos humanos se mantienen atentos y que habrán de velar por el irrestricto respeto de la autoridad a las garantías individuales de todos los involucrados en esta operación, posiblemente necesaria, pero que deberá ajustarse con rigor a la ley.

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Violencia

por Sergio Sarmiento
publicado el 30 de octubre en Reforma

"En un principio la enfermedad es fácil de curar pero difícil de diagnosticar... pero con el paso del tiempo se hace fácil de diagnosticar pero difícil de curar".
Maquiavelo

Al final cayó por tierra la idea de que se podía evitar la violencia negociando y cediendo constantemente ante las exigencias de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca y la sección 22 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación. Este viernes pasado 27 de octubre la jornada de bloqueos de calles y carreteras ordenada por la APPO en Oaxaca se saldó con confrontaciones que dejaron cuando menos tres muertos y decenas de heridos. El sábado, finalmente, el presidente Vicente Fox tomó esa decisión postergada durante casi cinco meses de enviar la fuerza pública federal a Oaxaca.


El camarógrafo estadounidense Brad Will y el maestro Emilio Alonso fueron, al parecer, muertos por disparos de funcionarios o policías vestidos de civil o quizá de ciudadanos simpatizantes con el gobernador Ulises Ruiz que buscaban levantar las barricadas de la APPO. El hecho de que se hayan llevado a cabo el viernes varios intentos simultáneos por levantar las barricadas en distintos puntos de Oaxaca sugiere un plan coordinado, quizá preparado por el gobierno del estado.

Esteban Zurita, un habitante de Santa María Coyotepec, fue al parecer ultimado por miembros de la APPO o de la sección 22 del SNTE. "Qué autorización tienen los maestros de usar armas de fuego" dijo a un reportero de El Universal Graciela Zurita, hija del fallecido. "Lo mataron a sangre fría. Que no quieran hacer esto como de la APPO. Mi padre no pertenecía ni a la APPO, ni a los maestros, ni a nadie. Y ya nos lo mataron."

Estos hechos de violencia obligaron al presidente Fox, después de meses de reticencia, a enviar a miles de efectivos de la Policía Federal Preventiva y del ejército a Oaxaca. Es triste reconocerlo, pero el hecho de que uno de los muertos haya sido estadounidense le imprimió un sentido de urgencia a la acción que no habían generado los homicidios previos de una decena de oaxaqueños. Ayer, después de organizar a sus efectivos, la PFP comenzó su avance hacia el centro de la ciudad.

Las responsabilidades criminales que se han venido acumulando en estos cinco meses en Oaxaca no pueden soslayarse. Por supuesto que deben presentarse cargos en contra de quienes el viernes y en otros días dispararon y mataron a personas de uno y otro bando. Pero también debe haber acciones judiciales en contra de quienes durante cinco meses usaron la fuerza para asfixiar Oaxaca y volvieron así inevitable la violencia.

Asegurar, como lo hace la APPO o el PRD, que la única violencia en el estado es de quienes buscaban levantar las barricadas o de la policía es cerrar los ojos a la realidad. No hay duda de que con el bloqueo de cinco meses de Oaxaca se buscaba provocar la confrontación violenta que hemos visto.

La fuerza pública, aun si se usa correctamente, no representa la solución a la crisis de Oaxaca. Son demasiado numerosos y demasiado fuertes los enemigos de Ulises Ruiz que piden su renuncia y su destitución. Quizá el gobernador pueda permanecer en funciones si es apuntalado por el gobierno federal, pero lo sería a un costo muy grande para el estado y para los oaxaqueños. El mandatario debe considerar la posibilidad de renunciar a su cargo por el bien de Oaxaca.

Las autoridades de todos los niveles, sin embargo, deben aprender la lección. Es absurda la idea de nuestros políticos de que se puede evitar la violencia si no se recurre a la fuerza pública cuando los grupos políticos violan la ley. Lo que hemos visto a lo largo de los últimos años es que, al hacer concesiones constantes a los grupos que usan la fuerza para presionar al gobierno, lo único que se logra es dar incentivos para aumentar estas presiones. Si realmente se quiere evitar la violencia, es importante que desde el primer momento quede claro que las presiones, especialmente las que se llevan a cabo a través de bloqueos que violan los derechos de terceros, no son aceptables en el México actual.

Vicente Fox hizo todo lo posible por evitar el uso de la fuerza pública en Oaxaca. Dejó que durante más de cinco meses se violentaran impunemente los derechos de los oaxaqueños. Permitió que se postrara económicamente a la ciudad y que se dejara sin educación a los niños del estado. El gobernador Ulises Ruiz llevó a cabo, mientras tanto, un juego perverso. Hizo un intento de desalojo de los grupos que habían tomado el centro de Oaxaca el 14 de junio, pero retiró a su fuerza pública dos horas después; y desde entonces insistió en que la responsabilidad era del gobierno federal y no del estado. El presidente Fox trató también de evadir la responsabilidad hasta que la violencia del viernes confirmó que eso era imposible.

La lección es inevitable. Es mejor aplicar la ley desde el primer momento y no permitir que las cosas lleguen al punto en que la gente se haga justicia a balazos. Esto es lo que había ocurrido en Oaxaca para el momento en que la federación decidió mandar la fuerza pública.

Impopulares

El jueves pasado, en una mesa redonda en la 48a. Semana Nacional de la Radio y la Televisión, el vocero presidencial Rubén Aguilar señalaba que las encuestas revelan que la gente se opone al uso de la fuerza pública para resolver el problema de Oaxaca. Y sin duda tiene razón. Pero un estadista, a diferencia de un político que se guía sólo por las encuestas, sabe que debe muchas veces tomar medidas impopulares por el bien del país.

SERGIO SARMIENTO
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Muy mal

por Germán Dehesa
publicado el 30 de octubre en Reforma


La PFP ha entrado en Oaxaca. Me parece muy mal. Muchos me dirán que a mí nada me satisface. Lo único que puedo responder es que para todo hay buenos modos y malos modos. Me explico.

Muchos quizá ya la olvidaron, pero muchos también recordamos la entrada de la PFP en la UNAM, en tiempos de Ernesto Zedillo. En aquella ocasión, como ahora en ésta, las vías del diálogo, del arreglo pacífico se habían agotado. La situación seguía sin resolverse y, al parecer, nadie hacía nada para quitar a la UNAM de las manos de estos acelerados y de estos holgazanes. Lo siguiente que supimos fue la noticia de que, en la madrugada de un domingo, la PFP había entrado a CU y había retomado todas las instalaciones y consignado o enviado a su hogar a los jóvenes que literalmente habían formado ya su hogar en el ámbito académico. No se reportaba ningún muerto o herido. La medida, y así lo escribí, me pareció extrema pero necesaria. Un periódico y unos cuantos "comunicadores" manifestaron su "apoyo" a estos jóvenes tan indignamente tratados. No olvidemos que México tiene también su izquierda extrema y delirante (el yunque rojo) que disfruta muchísimo de la ruptura del orden y el franco atropello de la ley por cuenta de algún grupo de acelerados que de inmediato ingresan a la santidad laica o al rentable martirologio. Como haya sido, la crispación se disipó, los mejores (o sea los peores) cuadros del CGH se dieron de alta en el PRD y vinieron a caer en los amorosos brazos y en la confortable protección de AMLO. Por su cuenta, la UNAM, bajo la Rectoría de Juan Ramón de la Fuente, recuperó su paso, prosiguió sus trabajos y no ha mucho ha sido reconocida internacionalmente como una de las 100 mejores universidades del mundo.

Ahora, durante la Presidencia de Vicente Fox, se ha presentado el asunto de Oaxaca. Al principio, nadie lo atendió y a destiempo vinieron los torpes y casi patéticos esfuerzos de Carlos Abascal para lidiar con este monstruo que había venido medrando y fortaleciéndose durante todo este tiempo de desatención y así, un borlote magisterial amenazaba con tornarse a través de la exigencia de la renuncia de un gobernador tan irrelevante, tan pillo, tan tonto como tantos que hay en nuestro país, en una serie de amenazas contra todo el orden instituido. Frente a esto, Vicente Fox, paralizado ante la idea de pasar a la historia como un represor que creó un segundo Tlatelolco, lanzaba discursos pacifistas, aseguraba que Oaxaca era un problema local, aguantaba la presión del Presidente Electo que exigía la solución del problema y externaba su entera confianza en el diálogo y la negociación. Sí, Chucha.

Por fin recibimos la noticia de que el gobierno había decidido movilizar a la PFP y enviarla a Oaxaca. A buenas horas. Tal como se tomó, la medida me pareció pésima. Te digo, lectora lector querido, por qué: por tardía, por avisada (Fox, como Zedillo en CU, tendría que haber puesto en acción a la PFP, restablecer el orden y sólo en ese momento hacerlo público); porque se da como consecuencia de la muerte de un norteamericano y crea la impresión de que las muertes nacionales son asunto menor; porque todo indica que no se llegará al fondo de las cosas y Ulises Ruiz, el hijo tonto de José Murat, seguirá en su puesto, o negociará una salida que garantice su muy respetable y muy inexplicable fortuna y porque, por falta de valentía y de oficio político, Fox tuvo que usar el pistolón cuando podría haber usado el pistolín. No es que la medida en sí me moleste; me parece que se tomó con las patas.

Y pensar que yo iba rumbo a Puebla a corretear la chuleta. Era sábado, atardecía, Puebla me fue grata y propicia y, sin embargo, todo era sombrío. Veremos ahora qué.


GERMÁN DEHESA
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Oaxaca: todos pierden

por Javier Oliva Posada
publicado el 30 de octubre en La Jornada


La insólita e intricada situación que se vive en la capital de ese estado día a día se torna más confusa, complicada y, por supuesto, se cuenta con menos tiempo y peores condiciones para resolver un conflicto que ha puesto en vilo la atención incluso del cambio de poderes el próximo primero de diciembre. La polarización cedió el paso a la confrontación; los reductos para el entendimiento han sido cancelados para dejar la vía libre al abierto enfrentamiento, como sucede en estos casos, es la sociedad, los lugareños, los más afectados.

Las condiciones del resultado electoral del 2 de julio pasado, donde el presidente electo alcanza un triunfo estrecho, muy estrecho; donde su principal contendiente reclama ilegalidad de fondo y anuncia intensa actividad política para los siguientes meses, habrían de producir en el gobierno federal saliente una respuesta responsable, conforme a una visión de largo aliento. Pero ni hay la disposición ni se cuenta con las evidencias de que la Secretaría de Gobernación tenga intención o al menos haya entendido de lo que se trata el problema.

El empeoramiento de la situación, indica que la opción de la fuerza se dibuja con toda claridad y también indica que ya la mayor parte de los actores involucrados desean esa salida, es decir, la aplicación de la fuerza. Unos porque desde hace semanas, largas semanas, han propugnado por el apoyo de las fuerzas federales. Los otros porque el límite de cohesión del movimiento de resistencia exige la emergencia de la confrontación física para superar la etapa de las disputas internas. Algo similar a lo que les sucedió a las controversias por el control y dirección del EZLN. Ahora en el caso de Oaxaca es evidente que no será la mera recuperación de las calles por parte de las autoridades lo que resolverá el asunto.

Vendrá, en el mejor de los casos, una difícil recomposición de los acuerdos, compromisos y ambiente de convivencia en la ciudad de Oaxaca; el restablecimiento del clima de normalidad tardará en consolidarse, tal como sucedió con la toma de Ciudad Universitaria por el CGH allá por 1999. Una lección sí quedó clara: la radicalización, venga de donde fuere, no contribuye y sí deteriora la viabilidad del estado de derecho y, sobre todo, reduce a la nada la capacidad de hacer política.

La polarización hasta hoy alcanzada no beneficia a ninguno de los actores centrales del episodio. No obstante, el gobierno federal es el primero en ser llamado a cumplir y no escabullirse con pretextos inmaduros, como es el de la cancelación del desfile de la Revolución Mexicana. Como tampoco no hubo explicación sensata de la cancelación de la Marcha de la Lealtad el pasado 2005. Es en este punto donde se puede analizar con toda precisión quiénes y por qué van a salir afectados con el desenlace en la capital de Oaxaca. Así, se han conjuntado una serie de factores fortuitos (elecciones presidenciales, revisión salarial sindical) y estructurales (pobreza, marginación, subversión) que combinados dan como resultado esta radicalización generalizada que hoy atestiguamos.

La ausencia de una autoridad federal sometida a la obsesión de la popularidad en las encuestas, unida a la franca ignorancia en el conocimiento de la historia reciente para tomar decisiones de fondo, indica que la mayor parte de los actores involucrados en el conflicto van a encontrar una situación compleja y delicada. Tal como la que enfrentará la siguiente administración, sólo que con un margen muy reducido de operación política.

JAVIER OLIVA POSADA
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¿Está por resolverse el conflicto oaxaqueño?

por Leo Zuckermann
publicado el 30 de octubre en Excélsior


Al momento de escribir estas líneas ha comenzado el operativo de la Policía Federal Preventiva, el Ejército y la Marina para restablecer el orden en Oaxaca. Desconozco cuál será el desenlace de esta medida; sin embargo, parece que algunas de las partes del enredado conflicto finalmente están por resolverse.

El magisterio regresa a clases
El problema en Oaxaca hay que dividirlo en tres: el asunto magisterial, la APPO y la permanencia del gobernador. En cuanto a los maestros, aquí parece haber una resolución. El dirigente de la Sección 22 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), Enrique Rueda, confirmó que acordaron con la Secretaría de Gobernación regresar a clases hoy. A cambio, los maestros recibirán el aumento salarial que originalmente solicitaron cuando comenzó su huelga hace 160 días. Además, el gobierno liberará a algunos líderes magisteriales que se encuentran encarcelados.

Los maestros entendieron que su movimiento era insostenible. Por un lado, comenzaban a sentir el rechazo de los padres de familia que estaban hartos de que sus hijos no fueran a la escuela. Los maestros eran cada vez más impopulares a los ojos de la sociedad.

Por otro lado, vino la amenaza de la dirigente del SNTE, Elba Esther Gordillo, de que desconocerían a la Sección 22 y formarían un nuevo capítulo sindical en Oaxaca con los maestros dispuestos a regresar a clases y nuevos docentes. La posibilidad de una fractura sindical se volvió real. El liderazgo de la 22 entendió que le estaban entregando en bandeja de plata la posibilidad a Gordillo de regresar a controlar el sindicato oaxaqueño, lo cual no ha ocurrido en muchos lustros.

Ante la amenaza de partirlos y la impopularidad que estaban viviendo, la base sindical votó por el regreso a clases. Con ello se solucionó la primera parte del problema oaxaqueño. Ya veremos si hoy efectivamente los maestros terminan su huelga.

Viernes sangriento y un estadunidense muerto
Otro problema es el de la APPO con su demanda de que caiga el gobernador. Aquí, hasta el jueves, todo indicaba que los distintos actores políticos, en particular el gobierno federal, estaban en el ánimo de no hacer nada con el fin de desgastar política y financieramente a la APPO. Así, cuando este movimiento estuviera debilitado, entraría la fuerza pública a recuperar la capital oaxaqueña. El modelo era lo ocurrido con la UNAM en el 2000, cuando el gobierno de Ernesto Zedillo tardó nueve meses para recuperar el campus universitario; lo hizo al estar ya desgastado el Consejo General de Huelga.

La APPO entendió que, para sobrevivir en el tiempo, tenían que subirle el tono al conflicto. Por su parte, el gobernador se sintió una vez más amenazado ya que diversos actores políticos lo estaban presionando para que se retirara de su cargo. Y esta combinación hizo que el viernes explotara la violencia en Oaxaca.

Por un lado, la APPO, armada con palos, piedras y bombas molotov. Por el otro, defensores de Ulises Ruiz, disparando pistolas. Una escena vergonzante que dejó cuatro muertos.

Uno de ellos resultó ser un camarógrafo estadunidense. Y por desgracia, como suele suceder en los países latinoamericanos, cuando hay una víctima de Estados Unidos, ahí las cosas se complican. Es penoso pero, al parecer, la sangre estadunidense vale más que la local para que los gobiernos reaccionen.

Y es que los gobernantes latinoamericanos tienen muy presente el efecto determinante del asesinato de un periodista estadunidense por el ejército de Anastasio Somoza para el triunfo de la revolución nicaragüense en 1979. El gobierno mexicano seguramente se preocupó por las declaraciones del embajador de Estados Unidos en México, Antonio Garza, exigiendo que retorne “el imperio de la ley” en Oaxaca.

El viernes sangriento y el muerto estadunidense cancelaron la solución del desgaste en el tiempo de la APPO. El gobierno federal, muy a su pesar, ya no tuvo argumentos para postergar la decisión de que entrara la fuerza pública a restaurar el orden en Oaxaca. Ayer comenzó el operativo. Ya veremos si el gobierno federal finalmente rescata eficazmente la capital oaxaqueña hasta ayer secuestrada por la APPO.
¿Y Ulises?

El tercer asunto es el de la permanencia del gobernador en su cargo. Suponiendo que los maestros regresen a clases y el gobierno federal imponga el orden en la capital oaxaqueña, ¿podrá Ulises Ruiz regresar a gobernar a su estado? ¿Tendrá la capacidad política de hacerlo?

La verdad es que se ve complicado, sobre todo si se comprueba que los asesinos del viernes fueron policías locales vestidos de civil o grupos armados de priistas que públicamente prometieron utilizar la fuerza para defender al gobernador. Más aún, después de 160 días de conflicto, hay muchas heridas abiertas en la sociedad oaxaqueña.

Lo sensato sería que Ruiz se retirara. Que solicitara una licencia para integrarse a un cargo en el gobierno federal, por lo menos hasta el primero de diciembre de 2007. El secretario de Gobierno lo sustituiría hasta esa fecha. Entonces, el Congreso local podría nombrar a un gobernador interino que terminaría el sexenio de Ruiz. De esta forma, se evitaría realizar elecciones extraordinarias para gobernador, ya que actualmente no hay condiciones políticas para hacerlas. Además, con esta solución, el PRI mantendría el control de Oaxaca, lo cual les interesa mucho a los priistas.

En el corto plazo, la solución de Oaxaca pasa por que los maestros regresen a clases, la fuerza federal desarticule a la APPO y Ulises Ruiz se retire del cargo solicitando una licencia con un puesto en el gobierno federal. Lo primero parece que ocurrirá. Lo segundo se halla en suspenso. Y lo tercero no parece estar en el ánimo del gobernador.

LEO ZUCKERMANN
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Las otras barricadas: las de la corrupción

por Jorge Fernández Menéndez
publicado el 30 de octubre en Excélsior


Al momento de escribir estas líneas, ya entrando la noche del domingo, la Policía Federal Preventiva aún no terminaba de recuperar el centro de la ciudad de Oaxaca y se habían dado algunos enfrentamientos importantes tanto en esa ciudad, como otros menores, con miembros de la APPO (en realidad de los organismos de superficie del EPR), en la capital del país. La noche, sin duda, será tensa, pero es difícil pensar en enfrentamientos generalizados: como hemos señalado en otras oportunidades, el EPR tiene en Oaxaca unos 300 militantes armados y otros 200 en el área metropolitana de la Ciudad de México. Independientemente de su lógica ultrarradical, esta organización parece haber aprendido algo de los hechos de hace diez años, cuando después de los ataques a Tlaxiaco y Huatulco fueron prácticamente desmembrados por las fuerzas de seguridad, un golpe del que sólo se recuperaron gracias al ahora diputado José Murat, quien sigue siendo la mano que mece la cuna en el conflicto oaxaqueño y, si no, ahí está la estrecha relación de Murat con Flavio Sosa para comprobarlo.

La asociación, aunque parezca tan contradictoria, del muratismo y el EPR, es un símbolo de la crisis que aqueja a Oaxaca y que, fuera de lo que ocurra en las próximas horas, después de que la PFP recupere el centro de la ciudad y los maestros previsiblemente regresen a clases hoy, confirma por qué el trabajo político en ese estado apenas comenzará cuando se den esas condiciones mínimas.

En la crisis de Oaxaca están metidas demasiadas manos y casi ninguna lo hace con un interés legítimo por el futuro de la entidad. Habrá un espejismo de orden en las próximas horas, después de la violencia y los enfrentamientos inevitables que van a ocurrir, pero será eso un espejismo que distará mucho de convertirse en realidad si no se actúa en forma política seria.

Algunos dirán que el presidente Fox cumplió su palabra y finalmente intervino en el estado y evitó que el conflicto cayera en manos de la siguiente administración.

Pero no es estrictamente así: el Presidente ordenó intervenir porque luego de los enfrentamientos del viernes ello era inevitable, sobre todo después de la muerte de un estadunidense, que fue mucho más determinante que la de catorce oaxaqueños (esa es la cifra oficial, en realidad, ha habido muchas más víctimas), luego de la exigencia formal presentada por el embajador Tony Garza. Pero, con o sin esa queja, era imposible seguir pensando que se podía continuar sin enviar la fuerza pública al estado. La Policía Federal Preventiva recuperará la ciudad, pero será a un costo mucho mayor al que se habría pagado si esa decisión se hubiera adoptado hace unos meses (o por lo menos hace unas semanas).

Vienen dos procesos muy complejos: por una parte, castigar a los dirigentes de la APPO que han cometido delitos graves. No puede haber impunidad en ese sentido, porque ello será la mejor garantía de que esos hechos se repitan en el futuro muy cercano. El corazón de la APPO está formado por militantes del EPR y perredistas de los grupos más radicales y también más corruptos. Ello no implica que, por ejemplo, ese corazón esté integrado por varios de los "dirigentes guerrilleros" que mostró, según documentos de "inteligencia", el gobierno de la entidad: si Ulises Ruiz y su gente creen que esa es información e inteligencia están perdidos y sólo por ese grado de ignorancia política se puede comprender por qué han perdido desde tiempo atrás la gobernabilidad del estado.

Lo cierto es que los grupos realmente pertenecientes al EPR ya aprendieron y difícilmente presentarán frente en forma abierta al gobierno federal, pero continuarán desafiándolo si no hay cambios notables en la entidad. Y ello tendrá que pasar por otro ajuste de cuentas, éste, con el gobierno estatal.

La administración de Ulises Ruiz oscila entre la soberbia y la ignorancia de una forma lastimosa: no ha habido ni siquiera una autocrítica sobre lo sucedido.

No sé si entre los acuerdos que se han tejido para tratar de encontrar una salida a la crisis esté incluida la licencia de Ruiz o no, pero por una simple razón de sentido común el primer interesado en que haya cambios políticos en el estado debería ser el PRI.

Lo sucedido es un certificado de que su capacidad política en la entidad, que ha sido uno de sus principales referentes electorales en el pasado, se ha perdido luego de ocho años de torpezas, soberbia y autoritarismo.

Mucho de lo que ocurre hoy en Oaxaca sólo puede explicarse por la resistencia de esos grupos a rendir cuentas con respecto a cómo utilizaron los recursos públicos federales destinados al gasto social mediante el ramo 33 del Presupuesto, que suma varios miles de millones de pesos y llevó, incluso, al ex gobernador Murat, a iniciar una controversia constitucional para evitar ser auditado por la Federación. Durante todo su sexenio y lo que va del de Ruiz, a pesar de las profundas diferencias personales que han surgido entre ambos (que no impiden, por ejemplo, que el yerno de Murat sea el representante del gobierno de Ulises en el Gobierno del Distrito Federal), no han rendido cuentas de los recursos que se les han entregado (98% del presupuesto del estado depende de recursos federales) y allí está el eje del conflicto.

Pero el hecho es que la Suprema Corte de Justicia ha dado la razón a la Federación y las mencionadas auditorías están en marcha y tendrán que informarnos a dónde fue esa enorme cantidad de dinero destinado a combatir la pobreza en uno de los tres estados más pobres del país.

El priismo, por supuesto, puede armar sus propias barricadas para defender al gobernador, pero será responsabilidad de éste, o más probablemente del próximo gobierno, desmontarlas, como se hizo ahora con las de la APPO, si se quiere, ya no sólo normalizar la vida del estado, sino incluso moralizar una vida y una dirigencia política que se ha pervertido por la corrupción institucionalizada.

JORGE FERNÁNDEZ MENÉNDEZ
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Amnesia

por Pedro Ferriz de Con
publicado el 30 de octubre en Excélsior


Fox se tardó en poner orden. Ulises se tendrá que ir. Pero hoy no es eso lo que más preocupa. Me explico. Quien hoy se encierra con los hijos de México en un salón de clases tiene la obligación de inflar en las nuevas generaciones ese globo de imaginación. La que lo puede todo, no tiene fronteras, no se duele de complejos. Los maestros del sistema educativo, armado con gran penuria en el país a lo largo de años, me llevan a intentar —antes de emitir un juicio en su contra— entenderlos. Los gobiernos de la República —siempre lo he escuchado— destinan las mayores partidas presupuestales al supremo objetivo de educar a nuestro pueblo. Atados de una perenne frustración. Nunca alcanza. Haciendo de la pretensión de generar una buena enseñanza, un mero catálogo de deseos que fuerzan a tener que aceptar que la mayoría de los maestros "almacenados" en el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación y su disidente Coordinadora Nacional no son sino desempleados de otras disciplinas, que encontraron un refugio presuntamente "académico" que implica —no sé si se los digan al ingresar a esas filas— un compromiso de entrega con la materia prima, ingrediente básico de su trabajo. Moldear el carácter, despertar brillantez, creatividad, hambre de triunfo, conocimiento, aspiraciones y patriotismo de los mexicanos que moverán a esta sociedad mañana.

Puedo entender una huelga. Período que sirve para ajustar discrepancias en aras de mejorar. Pero 160 días de "mentes caídas" son imposibles de explicar cuando se falla a un compromiso superior.

Siempre que narro el inicio de un paro laboral, son las autoridades quienes determinan si éste es legal o no. Hoy el imperdonable retroceso en Oaxaca nunca fue calificado por nadie. Ni legal ni ilegal. Simplemente fue y basta.

¿Pudo haber requisa ante un hecho así? ¿Qué no resultaba estratégico mantener a un millón trescientos mil jóvenes en las aulas y aprendiendo?

Se para una línea de producción de vehículos y se hace un escándalo nacional mientras no se reabra la planta. Pero tener a una multitud de mexicanos en paro mental, no interesa más. Lo polémico es si Ulises Ruiz se mantiene o no en el poder.

Ese pobre señor es como un accidente de nuestra problemática nacional. ¿Por qué no haberlo negociado aparte desde un principio? Tanto daño resulta un asesinato
a la inteligencia.

Hoy, por etapas, se reanudarán las clases en Oaxaca. Sobresaltos habrá. Pero me imagino el conflicto que va a vivir un "maestro" ante su grupo cuando regrese frente al pizarrón. ¿Con qué cara dirá?:

"Muchachos: los dejé 160 días. No me querían dar un bono y por eso me ausenté. Pero aquí estoy de nuevo. Mi misión de transmitirles conocimiento, la reanudo. Que pena que fuera así, pero no hubo más remedio".

Ahora pienso en el niño que recibe esta explicación. "Se fue y nos dejó sin considerar nuestra suerte. Mi padre intelectual abandonó su hogar —salón de clases— bajo el pretexto de una causa que no logro equiparar con la misión de estar conmigo para abrir mi mente".

Daría cualquier cosa por estar presente en una de las miles de aulas que hoy se reabrirán en el estado de Oaxaca. De observar y sentir como un niño más. Pienso en el esfuerzo necesario para "retomar el vuelo". Después de tantas penas vividas, y las que faltan, el primer día de clases pasará en silencio. Ese espacio que, cuando calla, duele. Miradas incrédulas de más de un millón de almas que dudarán del compromiso de quien tienen enfrente. Ese que hace algunos meses lo consideraron "su maestro".

PEDRO FERRIZ DE CON
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¡A buenas horas mangas verdes!

por Francisco Zea
publicado el 30 de octubre en Excélsior


Esta muy castiza expresión se aplica para aquellos que actúan a destiempo. Los "mangas verdes" fueron creados a finales del siglo XV por los Reyes Católicos. Eran un cuerpo de policía rural que vestían casacas precisamente con mangas verdes, se les llamaba la Santa Hermandad y se destacaban por llegar siempre tarde a todas las diligencias en las que eran requeridos.

Finalmente, después de 161 días de conflicto, el gobierno decidió cumplir con su responsabilidad y actuar en el caso de Oaxaca. Después de tanta prudencia, se dieron cuenta de que el diálogo no era factible con un grupo de delincuentes que no tienen palabra.

El gobierno federal tenía miedo de que la violencia explotara con la entrada de la Policía Federal Preventiva. En el mismo caso se encontraban legisladores, políticos, comentaristas y un sector importante de la población. Finalmente entraron en Oaxaca y no pasó nada. Al momento de escribir estas líneas se ha informado de la detención de 22 manifestantes, de lesionados del lado de la APPO y de las fuerzas federales, así como de la muerte de un joven de 15 años, en condiciones sin esclarecer. La dirigencia de la APPO ubica la muerte en uno de los enfrentamientos con los policías, que dicho sea de paso no iban armados más que con escudos y toletes.

Es lamentable la muerte de cualquier ser humano, pero comparado con el fallecimiento de las otras trece personas que perecieron en más de cinco meses de conflicto, el saldo del operativo es positivo. La PFP ha tomado el control del zócalo y de toda la ciudad.

Las tanquetas antimotines, que fueron tan duramente criticadas, se convirtieron en herramienta fundamental para dar un buen baño a varios que lo necesitaban y evitar chipotes y sangre. Al Presidente de la República le habrá pasado el susto y hoy podrá dormir abrazando su popularidad y sus encuestas, porque, no obstante el rechazo de algunos, la mayoría de los oaxaqueños salieron de sus casas a aplaudir el paso de los cuerpos federales.

Lo que no me queda claro es quién pagará por el deterioro a la imagen del estado. Quién será encarcelado como responsable de los 14 muertos. Cuántas averiguaciones previas se iniciarán por los daños al Congreso local, a las oficinas públicas. Quién será el responsable de los camiones y automóviles quemados y, sobre todo, quién le regresará a los niños de Oaxaca los días de vida que les han robado.

El gobierno local y el federal deben de estar conscientes de que la impunidad es el principal enemigo del Estado, una enfermedad que corroe a sus instituciones y amenaza su propia existencia. Si estos primates no son castigados y encarcelados, su protesta les habrá salido muy barata, pero a los mexicanos nos será impagable.

Hay que recordar que, en su última asamblea plenaria, la APPO acordó que si "Ulises Ruiz no se va, Calderón no pasará" y tenían proyectada una "insurrección pacífica popular nacional" el 1 de diciembre de 2006, día de la toma de protesta del Presidente electo.

Finalmente, evaluando a todos los responsables de la situación que se resolvió parcialmente ayer, el gobierno federal actuó tardíamente pero con una acción bien planeada. El gobernador fue un incompetente y un cobarde que se escudó en su partido para no perder el poder. Los maestros, no obstante sus justas demandas, fueron irresponsables con su vocación y sus educandos. Y los de la APPO, una facción oportunista y violenta que se aprovechó de una coyuntura. Ojalá que el próximo gobierno vea qué caro se cobra el tiempo las cosas que no se hacen con su ayuda.

FRANCISCO ZEA
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Ruiz era el blanco

por Pepe Grillo
publicado el 30 de octubre en La Crónica


Las fuerzas federales entraron en Oaxaca, y appos y maestros, se quitaron la máscara: ¡Qué se vaya Ulises Ruiz!
No reclamaron más sueldo, ni cambios a la reforma educativa.
Esos fueron sus pretextos para desatar el problema.
No les importó dejar a un millón 300 mil niños sin clases por 160 días, y que se pierdan cientos de empleos.
¡Que se vaya Ulises Ruiz!... lo mismo que pide el PRD.


¿Dónde está AMLO?

¿Y dónde está López Obrador?
¿Por qué tan calladito, si lo suyo es meterse en pleitos ajenos?
¿O será que sí ha hablado, nomás que al oído de alguien?
La sospecha creció a medida que sus métodos eran copiados en Oaxaca por maestros y appos.
Además de que su equipo de violentos, panchosvillas, cegehacheros y panteras anduvieron por allá.
¿O dirán que todo el borlote fue planeado por Sosa y Rueda?

Rueda, lejos del desenlace

Enrique Rueda pidió a Ruiz rezonificación y cambios a la reforma educativa… que dependen del gobierno federal.
Ordenó a los maestros cerrar escuelas, tomar, bloquear, desalojar el zócalo, edificios públicos, carreteras, todo.
Le llegaron refuerzos del DF, y se asumió jefe de todos.
Hizo una “lista negra” de maestros traidores que querían volver a clases, uno fue asesinado.
Pero ayer, a la hora de la verdad, el general no encabezó a sus tropas.

Sosa amplió su aspiración

Desde donde nadie puede encontrarlo, Flavio Sosa dijo ayer por teléfono que el sábado dirigió la asamblea “para analizar la situación política de Oaxaca, y de todo el país”.
Si, ya extendió su lucha a toda la nación, Oaxaca le quedó chico.
Quien debe preocuparse es López Obrador, ya tiene competidor para declararse presidente, o jefe de la resistencia, o lo que sea.
Y Sosa se las gasta.

De que la perra es brava…

Appos y cegehacheros apalearon ayer a granaderos de la SSP, frente a Bellas Artes.
Los appos marchaban por el Eje Central, unos policías intentaron retirarlos, pero los marchistas más numerosos los golpearon con sus propios toletes y escudos.
Los granaderos se rindieron, los marchistas volvieron a marchar, y llegaron más granaderos, con quienes “acordaron” seguir su marcha.
La policía exculpó a los appos, culpó a encapuchados de “la otra campaña”, del Sub Marcos y cegehacheros, ambos con licencia del GDF para marchar.

Entró la PFP, y no hay solución

En resumen, la PFP tomó el Zócalo de Oaxaca, pero la APPO no se ha rendido y el regreso a clases, está en riesgo.
Sosa insiste en la salida de Ulises Ruiz.
Y Rueda aceptó que sí ofreció volver a clases, “pero la entrada de la PFP a Oaxaca, lo cambia todo”.
Hoy habrá nueva asamblea para que Rueda diga a los maestros… lo que Sosa le diga.

PEPE GRILLO
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