Muy mal
por Germán Dehesa
publicado el 30 de octubre en Reforma
La PFP ha entrado en Oaxaca. Me parece muy mal. Muchos me dirán que a mí nada me satisface. Lo único que puedo responder es que para todo hay buenos modos y malos modos. Me explico.
Muchos quizá ya la olvidaron, pero muchos también recordamos la entrada de la PFP en la UNAM, en tiempos de Ernesto Zedillo. En aquella ocasión, como ahora en ésta, las vías del diálogo, del arreglo pacífico se habían agotado. La situación seguía sin resolverse y, al parecer, nadie hacía nada para quitar a la UNAM de las manos de estos acelerados y de estos holgazanes. Lo siguiente que supimos fue la noticia de que, en la madrugada de un domingo, la PFP había entrado a CU y había retomado todas las instalaciones y consignado o enviado a su hogar a los jóvenes que literalmente habían formado ya su hogar en el ámbito académico. No se reportaba ningún muerto o herido. La medida, y así lo escribí, me pareció extrema pero necesaria. Un periódico y unos cuantos "comunicadores" manifestaron su "apoyo" a estos jóvenes tan indignamente tratados. No olvidemos que México tiene también su izquierda extrema y delirante (el yunque rojo) que disfruta muchísimo de la ruptura del orden y el franco atropello de la ley por cuenta de algún grupo de acelerados que de inmediato ingresan a la santidad laica o al rentable martirologio. Como haya sido, la crispación se disipó, los mejores (o sea los peores) cuadros del CGH se dieron de alta en el PRD y vinieron a caer en los amorosos brazos y en la confortable protección de AMLO. Por su cuenta, la UNAM, bajo la Rectoría de Juan Ramón de la Fuente, recuperó su paso, prosiguió sus trabajos y no ha mucho ha sido reconocida internacionalmente como una de las 100 mejores universidades del mundo.
Ahora, durante la Presidencia de Vicente Fox, se ha presentado el asunto de Oaxaca. Al principio, nadie lo atendió y a destiempo vinieron los torpes y casi patéticos esfuerzos de Carlos Abascal para lidiar con este monstruo que había venido medrando y fortaleciéndose durante todo este tiempo de desatención y así, un borlote magisterial amenazaba con tornarse a través de la exigencia de la renuncia de un gobernador tan irrelevante, tan pillo, tan tonto como tantos que hay en nuestro país, en una serie de amenazas contra todo el orden instituido. Frente a esto, Vicente Fox, paralizado ante la idea de pasar a la historia como un represor que creó un segundo Tlatelolco, lanzaba discursos pacifistas, aseguraba que Oaxaca era un problema local, aguantaba la presión del Presidente Electo que exigía la solución del problema y externaba su entera confianza en el diálogo y la negociación. Sí, Chucha.
Por fin recibimos la noticia de que el gobierno había decidido movilizar a la PFP y enviarla a Oaxaca. A buenas horas. Tal como se tomó, la medida me pareció pésima. Te digo, lectora lector querido, por qué: por tardía, por avisada (Fox, como Zedillo en CU, tendría que haber puesto en acción a la PFP, restablecer el orden y sólo en ese momento hacerlo público); porque se da como consecuencia de la muerte de un norteamericano y crea la impresión de que las muertes nacionales son asunto menor; porque todo indica que no se llegará al fondo de las cosas y Ulises Ruiz, el hijo tonto de José Murat, seguirá en su puesto, o negociará una salida que garantice su muy respetable y muy inexplicable fortuna y porque, por falta de valentía y de oficio político, Fox tuvo que usar el pistolón cuando podría haber usado el pistolín. No es que la medida en sí me moleste; me parece que se tomó con las patas.
Y pensar que yo iba rumbo a Puebla a corretear la chuleta. Era sábado, atardecía, Puebla me fue grata y propicia y, sin embargo, todo era sombrío. Veremos ahora qué.
GERMÁN DEHESA
publicado el 30 de octubre en Reforma
La PFP ha entrado en Oaxaca. Me parece muy mal. Muchos me dirán que a mí nada me satisface. Lo único que puedo responder es que para todo hay buenos modos y malos modos. Me explico.
Muchos quizá ya la olvidaron, pero muchos también recordamos la entrada de la PFP en la UNAM, en tiempos de Ernesto Zedillo. En aquella ocasión, como ahora en ésta, las vías del diálogo, del arreglo pacífico se habían agotado. La situación seguía sin resolverse y, al parecer, nadie hacía nada para quitar a la UNAM de las manos de estos acelerados y de estos holgazanes. Lo siguiente que supimos fue la noticia de que, en la madrugada de un domingo, la PFP había entrado a CU y había retomado todas las instalaciones y consignado o enviado a su hogar a los jóvenes que literalmente habían formado ya su hogar en el ámbito académico. No se reportaba ningún muerto o herido. La medida, y así lo escribí, me pareció extrema pero necesaria. Un periódico y unos cuantos "comunicadores" manifestaron su "apoyo" a estos jóvenes tan indignamente tratados. No olvidemos que México tiene también su izquierda extrema y delirante (el yunque rojo) que disfruta muchísimo de la ruptura del orden y el franco atropello de la ley por cuenta de algún grupo de acelerados que de inmediato ingresan a la santidad laica o al rentable martirologio. Como haya sido, la crispación se disipó, los mejores (o sea los peores) cuadros del CGH se dieron de alta en el PRD y vinieron a caer en los amorosos brazos y en la confortable protección de AMLO. Por su cuenta, la UNAM, bajo la Rectoría de Juan Ramón de la Fuente, recuperó su paso, prosiguió sus trabajos y no ha mucho ha sido reconocida internacionalmente como una de las 100 mejores universidades del mundo.
Ahora, durante la Presidencia de Vicente Fox, se ha presentado el asunto de Oaxaca. Al principio, nadie lo atendió y a destiempo vinieron los torpes y casi patéticos esfuerzos de Carlos Abascal para lidiar con este monstruo que había venido medrando y fortaleciéndose durante todo este tiempo de desatención y así, un borlote magisterial amenazaba con tornarse a través de la exigencia de la renuncia de un gobernador tan irrelevante, tan pillo, tan tonto como tantos que hay en nuestro país, en una serie de amenazas contra todo el orden instituido. Frente a esto, Vicente Fox, paralizado ante la idea de pasar a la historia como un represor que creó un segundo Tlatelolco, lanzaba discursos pacifistas, aseguraba que Oaxaca era un problema local, aguantaba la presión del Presidente Electo que exigía la solución del problema y externaba su entera confianza en el diálogo y la negociación. Sí, Chucha.
Por fin recibimos la noticia de que el gobierno había decidido movilizar a la PFP y enviarla a Oaxaca. A buenas horas. Tal como se tomó, la medida me pareció pésima. Te digo, lectora lector querido, por qué: por tardía, por avisada (Fox, como Zedillo en CU, tendría que haber puesto en acción a la PFP, restablecer el orden y sólo en ese momento hacerlo público); porque se da como consecuencia de la muerte de un norteamericano y crea la impresión de que las muertes nacionales son asunto menor; porque todo indica que no se llegará al fondo de las cosas y Ulises Ruiz, el hijo tonto de José Murat, seguirá en su puesto, o negociará una salida que garantice su muy respetable y muy inexplicable fortuna y porque, por falta de valentía y de oficio político, Fox tuvo que usar el pistolón cuando podría haber usado el pistolín. No es que la medida en sí me moleste; me parece que se tomó con las patas.
Y pensar que yo iba rumbo a Puebla a corretear la chuleta. Era sábado, atardecía, Puebla me fue grata y propicia y, sin embargo, todo era sombrío. Veremos ahora qué.
GERMÁN DEHESA


0 Comentarios:
Publicar un comentario
<< Regreso a la página principal