El Flaviazo
publicado el 6 de diciembre en Excélsior
Tuvo sus quince minutos de fama. A diestra y siniestra lo entrevistaban. Se manejaba bien en los medios. Ofrecía argumentos convincentes. Afirmaba que su modelo no era el subcomandante Marcos, sino Evo Morales, presidente de Bolivia, quien “ha construido una alternativa a partir de los movimientos sociales”.
Era persuasivo. Finalmente se estaba enfrentando a políticos autoritarios que han devastado a un estado pobre: “la APPO no busca la revolución, sino realizar reformas y justicia, liberarnos de un partido que gobierna Oaxaca desde hace 80 años”. Como Ghandi, decía: “Somos responsables; desde que han enviado a las fuerzas del orden, evitamos los enfrentamientos”.
Ese era el discurso de Flavio Sosa. Sin embargo, en los hechos era muy diferente. Lideraba una organización, la APPO, que secuestró la capital de Oaxaca y la sumergió en un caos anárquico. Barricadas, bloqueos, arrestos arbitrarios, juicios populares sumarios, bombas molotov, palos, machetes, pedradas, pintas, destrucción del Congreso local, incendio de la sede del Poder Judicial y saqueos de edificios públicos, éstas eran las acciones de su “resistencia civil pacífica”.
Pero nada desnuda mejor a Flavio Sosa que su biografía. Militó en las filas del PRD y llegó a ser diputado federal. En 2000 se sumó a la campaña de Vicente Fox a quien levantó la mano. El nuevo Presidente, sin embargo, lo excluyó. Entonces se acercó al gobernador oaxaqueño, el priista José Murat, quien al parecer le entregó carretadas de dinero y la posibilidad de operar un negocio de transporte público.
A cambio, Sosa se dedicó a debilitar a la oposición a Murat. En las elecciones locales de 2004, por ejemplo, encabezó un partido local para quitarle votos a Gabino Cué, el principal opositor al régimen priista oaxaqueño. Luego dejó este partido y se incorporó a Alternativa Social Campesina de reciente creación. Fue de la facción que repudió la candidatura presidencial de Patricia Mercado y apoyó la de Víctor González Torres, el doctor Simi. Salió de Alternativa y se reincorporó al PRD como consejero, aunque después se desligó de este partido para unirse a la APPO.
Esta trayectoria habla del típico operador político que todo el tiempo está buscando oportunidades y está a la venta al mejor postor. Un vividor de la política al que poco le importan las causas sociales que dice defender. Reportes periodísticos afirman que su afrenta en contra del gobernador Ulises Ruiz tiene que ver con que éste le redujo el dinero y los privilegios que recibía cuando Murat gobernaba. Ruiz así lo interpreta: afirma que su antecesor repartía 400 millones de pesos anuales a los distintos grupos de la APPO, incluido el de Flavio Sosa.
Anteayer, el gobierno federal lo arrestó por los presuntos delitos de robo, daños, secuestro, sedición, incitación a la violencia y ataques a vías de comunicación. Es probable que salga pronto de la cárcel ya que cuenta con un amparo. Pero lo más importante de todo es que el nuevo gobierno de Calderón manda un mensaje muy contundente desde el comienzo del sexenio: que no negociará con supuestos líderes sociales que incendian al país porque quieren mantener los privilegios y la protección que recibían de gobiernos corruptos. Que, para ellos, el camino será a Almoloya y no a Bucareli.
LEO ZUCKERMANN


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