La situación es insostenible
por Luis Santiago
A más de tres meses de iniciado el conflicto magisterial, la situación es insostenible. El movimiento “democrático” devino una pesadilla dirigida ahora por la APPO, un organismo integrado por organizaciones pro perredistas. La movilización “pacífica” para pedir mejoras salariales para ese sector, se ha convertido en un monstruo de mil cabezas que aplasta todas las aspiraciones y derechos del pueblo de Oaxaca.
Nunca como antes, la ciudad capital está sometida por las armas, el terror y el miedo. No hay similitud con otros movimientos sociales que han derrocado a gobernadores, sin embargo en el fondo están algunos de los mismos activistas. La nación no tiene ni idea –cabal- de lo que realmente sucede en las calles de la Vieja Antequera y mientras los especialistas discuten en sendas transmisiones televisivas si este es un movimiento de guerrilla urbana, o no, si todo esto forma parte del gran movimiento rebelde ideado por las huestes del perredista Andrés Manuel López Obrador, enloquecido por alcanzar el poder presidencial, la población está cercada, cercenada, agredida, nadie puede entrar ni salir del Valle Central, las clases están suspendidas, los empresarios amenazados, el libre tránsito está restringido, la delincuencia anda suelta, los edificios públicos tomados, Oaxaca tuvo la desgracia de ser el experimento político de rebeldía más caro que se haya registrado.
Los líderes del movimiento rebelde no están por ningún lado. Enrique Rueda Pacheco, cabeza visible de todo este movimiento, está oculto y aunque ha presentado su renuncia a la dirigencia de la Sección 22, en el momento más álgido, ésta no ha sido aceptada por el cerrado círculo dirigente. Erangelio Mendoza, exdirigente seccional en cuyo mandato se dio el fortalecimiento del grupo rebelde Ejército Popular Revolucionario, sigue preso y su excarcelación es una demanda de los grupos alzados, quienes amenazan “con tomar las armas” si no lo sueltan, aunque de hecho, las armas ya se pasean por la ciudad. Mendoza Nube, otro dirigente señalado por el gobierno como uno de los pilares de los movimientos rebeldes, sigue encarcelado. Quien ha asumido la dirigencia de la llamada Asamblea del “pueblo de Oaxaca” es Flavio Sosa Villavicencio, un activista de poca monta que en el pasado se identificó con el PRD, luego apoyó el ascenso de Vicente Fox, candidato del PAN a la presidencia, y ahora llegó oportunamente a encabezar todas las acciones de las que se responsabiliza el “movimiento pacífico” del magisterio y de la APO.
Ante la impotencia gubernamental para garantizar la seguridad y tranquilidad ciudadanas, los rebeldes se han hecho cargo de todo lo que pasa en la capital. Delitos y abusos. Agresiones a empresas, ataques a las vías de comunicación, expropiación de bienes, fomento de la ingobernabilidad. Para aceptar la invitación del secretario de Gobernación, Carlos Abascal, para buscar salidas políticas a la crisis, la APPO exige que le pongan en charola la cabeza de Ulises Ruiz Ortiz. Este revira que no renunciará y refiere que hacerlo sería traicionar a los millones de oaxaqueños que votaron para que asumiera el cargo, que son mucho más que los 70 mil maestros. Hizo saber también que hacerlo sería un peligrosísimo precedente pues entonces en aquellas entidades donde tiene presencia la “coordinadora magisterial”, disidente del SNTE, se darían movimientos similares y, por otro lado, no caerían gobernadores sino hasta presidentes, como evidentemente lo pretende Andrés Manuel López Obrador con el panista Felipe Calderón Hinojosa, quien seguramente será declarado presidente legítimo de México en los próximos días. La Asamblea Popular del Pueblo de Oaxaca (APPO) resolvió aceptar el diálogo pero su demanda central es la salida del gobernador Ulises Ruiz Ortiz. O sea, quiere, pero no. O si quieren, que sea a su modo, si no, no. Asimismo, ellos decidirán “las formas y los tiempos para acudir una comisión única de negociación, donde no haya intervención del Gobierno estatal”. Asimismo, condiciona que el diálogo “debe ser sin condiciones y llevar de manera resolutiva, sin ninguna sesión preparatoria y directa con el titular de la Secretaría de Gobernación, Carlos Abascal”. Este planteamiento lleva, en el fondo, legitimar a la disidencia magisterial como interlocutora con el Gobierno Federal, lo cual puede lastimar la relación del sindicato magisterial oficial, el SNTE, que dirige Elba Esther Gordillo Morales. Sin embargo, este es el paquete ofrecido por la disidencia.
¿Facilita esto el dialogo y la solución a la situación? Evidentemente no. Oaxaca va a tener sufrimiento para más tiempo. Si alguna prudencia moral podían haber tenido los maestros al cancelar La Guelaguetza y ofender a los pueblos indígenas, esto dejó de tomarse en cuenta. El ala radical del magisterio no tiene miramiento. Es ahora o nunca a sus pretensiones políticas, montadas sobre las demandas laborales de los maestros. Esto deja ver que el conflicto magisterial oaxaqueño y las acciones violentas de la APPO tomarán un nuevo camino dilatorio para seguir abonando al conflicto perredista. Vienen fechas muy significativas que ni el perredismo en el DF ni el perredismo estatal están dispuestos a sacrificar, sin importar lo que piense o diga la población. El 1 de diciembre, último informe presidencial. El 6 de septiembre, cuando el TRIFE concluya su labor y, seguramente, deseche la demanda formal de AMLO por obtener el poder y nombre presidente constitucional a Felipe Calderón. El 15 de septiembre, en que AMLO pretende dar el “Grito” de Independencia desde el Zócalo que ya tiene cercado –como el Centro Histórico de Oaxaca está cercado por los maestros- y el 16 de septiembre, cuando el Ejército Mexicano lleve a cabo el tradicional desfile anual y fecha en la que AMLO ha anunciado un congreso nacional que designará, dice, un “presidente legítimo” y oficializará la “resistencia civil”.
Para darle largas al asunto hay que ver qué postura asume la APPO. Primero, desechar a los verdaderos oaxaqueños y a personas honorables llenando los huecos con personas afines a sus pensamientos e ideales. Hicieron a un lado a Francisco Toledo y a Arturo Lona porque hablaban de paz, concordia y diálogo, y ellos no quieren paz. No están personas caracterizadas del pueblo de Oaxaca como Agustín Márquez Uribe, Alfredo Harp, algunos de los expectores honorables, muchos otros, pero condicionan el diálogo a través del obispo emérito Samuel Ruiz –promotor del EZLN en Chiapas- y de la organización Servicios y Asesoría para la Paz (Serapac) que él encabeza, y en la cual ha mediado como enlace Miguel Álvarez. Totalmente ajeno a los intereses de Oaxaca, aunque activista reconocido. Esta treta política no pasa desapercibida por el pueblo de Oaxaca y desde luego que entorpece el diálogo y la solución. Y el peine sale cuando la APPO aprovecha para hacer un reconocimiento al “trabajo y la lucha del Frente Popular Revolucionario en el marco de “las libertades constitucionales y condenan al Gobierno estatal de pretender vincularlos con estas organizaciones armadas”.
Dentro de todo esto, Oaxaca vive las peores noches de su historia. Está en estado de sitio pero resiste. Empistolados y chamacos con cadenas y machetes circulan la ciudad asaltando a quien ose desafiar la soledad, pero resisten. Cierran las calles y los conductores, prudentemente, buscan alternativas. Disparan a la policía y la retan al enfrentamiento, y el pueblo aguanta. Pequeños grupos de jóvenes enmascarados secuestran violentamente autobuses de cualquier tipo y marca, los atraviesan en céntricas calles y se van, y la gente resiste. Las corporaciones policiacas están sometidas, temerosas y mal guiadas, pero aún así, la gente tiene esperanza de que esto pronto termine. Un centenar de muchachos pintan por las principales arterias, y al otro día la gente sale a cubrir las pintas. El Gobierno del Estado, de su lado, aun con dificultades, pero sigue funcionando. El gobierno municipal que preside Jesús Angel Díaz Ortega, acaba de terminar obras de vialidad importantes en la margen del río Atoyac, donde Caminos y Aeropistas de Oaxaca ha sido una nulidad. Bueno, hasta el líder de la CNOP, Javier Villacaña Jiménez, pieza importante del empinado PRI, ha presidido reuniones de trabajo en las colonias. Y esto ya es decir algo que sigue funcionando.
El pueblo ha sido estoico. Los rebeldes llaman por la radio secuestrada que se levanten contra el gobierno, pero la gente mejor se esconde. La soledad invade las calles. A diferencia de otros movimientos sociales con los mismos fines, descabezar al gobierno, tanto el comercio como la industria se dicen lastimados y no cierran por voluntad propia sus establecimientos. Un sobreviviente de esos hechos lo sabe muy bien, Miguel Angel Schultz Dávila, quien formó parte del gobierno que encarceló a los indígenas loxichas involucrados con el EPR como director de comunicación social, ahora quiere sacarlos para que den la lucha contra el “mal gobierno”. A pesar de que grupos armados con los que amenazaron con romper vidrios y destrozar los comercios que no cerraran, muchos hubo que desafiaron tal decisión. Esto no quiere decir que el gobierno no tenga dificultades. La procuradora de Justicia, Lizbett Caña Cadeza declaró con todo el pesimismo encima, que los grupos tienen clara tendencia de guerrilla urbana. Ciro Gómez Leyva, sereno y sapiente columnista mexicano, lo ha explicado con datos y señales, sin embargo, el vocero oficial la desmintió y también el gobernador Ulises Ruiz Ortiz. La desesperación que invade a los funcionarios oficiales los ha hecho caer en muchos errores. La situación no es para menos.
LUIS SANTIAGO
A más de tres meses de iniciado el conflicto magisterial, la situación es insostenible. El movimiento “democrático” devino una pesadilla dirigida ahora por la APPO, un organismo integrado por organizaciones pro perredistas. La movilización “pacífica” para pedir mejoras salariales para ese sector, se ha convertido en un monstruo de mil cabezas que aplasta todas las aspiraciones y derechos del pueblo de Oaxaca.
Nunca como antes, la ciudad capital está sometida por las armas, el terror y el miedo. No hay similitud con otros movimientos sociales que han derrocado a gobernadores, sin embargo en el fondo están algunos de los mismos activistas. La nación no tiene ni idea –cabal- de lo que realmente sucede en las calles de la Vieja Antequera y mientras los especialistas discuten en sendas transmisiones televisivas si este es un movimiento de guerrilla urbana, o no, si todo esto forma parte del gran movimiento rebelde ideado por las huestes del perredista Andrés Manuel López Obrador, enloquecido por alcanzar el poder presidencial, la población está cercada, cercenada, agredida, nadie puede entrar ni salir del Valle Central, las clases están suspendidas, los empresarios amenazados, el libre tránsito está restringido, la delincuencia anda suelta, los edificios públicos tomados, Oaxaca tuvo la desgracia de ser el experimento político de rebeldía más caro que se haya registrado.
Los líderes del movimiento rebelde no están por ningún lado. Enrique Rueda Pacheco, cabeza visible de todo este movimiento, está oculto y aunque ha presentado su renuncia a la dirigencia de la Sección 22, en el momento más álgido, ésta no ha sido aceptada por el cerrado círculo dirigente. Erangelio Mendoza, exdirigente seccional en cuyo mandato se dio el fortalecimiento del grupo rebelde Ejército Popular Revolucionario, sigue preso y su excarcelación es una demanda de los grupos alzados, quienes amenazan “con tomar las armas” si no lo sueltan, aunque de hecho, las armas ya se pasean por la ciudad. Mendoza Nube, otro dirigente señalado por el gobierno como uno de los pilares de los movimientos rebeldes, sigue encarcelado. Quien ha asumido la dirigencia de la llamada Asamblea del “pueblo de Oaxaca” es Flavio Sosa Villavicencio, un activista de poca monta que en el pasado se identificó con el PRD, luego apoyó el ascenso de Vicente Fox, candidato del PAN a la presidencia, y ahora llegó oportunamente a encabezar todas las acciones de las que se responsabiliza el “movimiento pacífico” del magisterio y de la APO.
Ante la impotencia gubernamental para garantizar la seguridad y tranquilidad ciudadanas, los rebeldes se han hecho cargo de todo lo que pasa en la capital. Delitos y abusos. Agresiones a empresas, ataques a las vías de comunicación, expropiación de bienes, fomento de la ingobernabilidad. Para aceptar la invitación del secretario de Gobernación, Carlos Abascal, para buscar salidas políticas a la crisis, la APPO exige que le pongan en charola la cabeza de Ulises Ruiz Ortiz. Este revira que no renunciará y refiere que hacerlo sería traicionar a los millones de oaxaqueños que votaron para que asumiera el cargo, que son mucho más que los 70 mil maestros. Hizo saber también que hacerlo sería un peligrosísimo precedente pues entonces en aquellas entidades donde tiene presencia la “coordinadora magisterial”, disidente del SNTE, se darían movimientos similares y, por otro lado, no caerían gobernadores sino hasta presidentes, como evidentemente lo pretende Andrés Manuel López Obrador con el panista Felipe Calderón Hinojosa, quien seguramente será declarado presidente legítimo de México en los próximos días. La Asamblea Popular del Pueblo de Oaxaca (APPO) resolvió aceptar el diálogo pero su demanda central es la salida del gobernador Ulises Ruiz Ortiz. O sea, quiere, pero no. O si quieren, que sea a su modo, si no, no. Asimismo, ellos decidirán “las formas y los tiempos para acudir una comisión única de negociación, donde no haya intervención del Gobierno estatal”. Asimismo, condiciona que el diálogo “debe ser sin condiciones y llevar de manera resolutiva, sin ninguna sesión preparatoria y directa con el titular de la Secretaría de Gobernación, Carlos Abascal”. Este planteamiento lleva, en el fondo, legitimar a la disidencia magisterial como interlocutora con el Gobierno Federal, lo cual puede lastimar la relación del sindicato magisterial oficial, el SNTE, que dirige Elba Esther Gordillo Morales. Sin embargo, este es el paquete ofrecido por la disidencia.
¿Facilita esto el dialogo y la solución a la situación? Evidentemente no. Oaxaca va a tener sufrimiento para más tiempo. Si alguna prudencia moral podían haber tenido los maestros al cancelar La Guelaguetza y ofender a los pueblos indígenas, esto dejó de tomarse en cuenta. El ala radical del magisterio no tiene miramiento. Es ahora o nunca a sus pretensiones políticas, montadas sobre las demandas laborales de los maestros. Esto deja ver que el conflicto magisterial oaxaqueño y las acciones violentas de la APPO tomarán un nuevo camino dilatorio para seguir abonando al conflicto perredista. Vienen fechas muy significativas que ni el perredismo en el DF ni el perredismo estatal están dispuestos a sacrificar, sin importar lo que piense o diga la población. El 1 de diciembre, último informe presidencial. El 6 de septiembre, cuando el TRIFE concluya su labor y, seguramente, deseche la demanda formal de AMLO por obtener el poder y nombre presidente constitucional a Felipe Calderón. El 15 de septiembre, en que AMLO pretende dar el “Grito” de Independencia desde el Zócalo que ya tiene cercado –como el Centro Histórico de Oaxaca está cercado por los maestros- y el 16 de septiembre, cuando el Ejército Mexicano lleve a cabo el tradicional desfile anual y fecha en la que AMLO ha anunciado un congreso nacional que designará, dice, un “presidente legítimo” y oficializará la “resistencia civil”.
Para darle largas al asunto hay que ver qué postura asume la APPO. Primero, desechar a los verdaderos oaxaqueños y a personas honorables llenando los huecos con personas afines a sus pensamientos e ideales. Hicieron a un lado a Francisco Toledo y a Arturo Lona porque hablaban de paz, concordia y diálogo, y ellos no quieren paz. No están personas caracterizadas del pueblo de Oaxaca como Agustín Márquez Uribe, Alfredo Harp, algunos de los expectores honorables, muchos otros, pero condicionan el diálogo a través del obispo emérito Samuel Ruiz –promotor del EZLN en Chiapas- y de la organización Servicios y Asesoría para la Paz (Serapac) que él encabeza, y en la cual ha mediado como enlace Miguel Álvarez. Totalmente ajeno a los intereses de Oaxaca, aunque activista reconocido. Esta treta política no pasa desapercibida por el pueblo de Oaxaca y desde luego que entorpece el diálogo y la solución. Y el peine sale cuando la APPO aprovecha para hacer un reconocimiento al “trabajo y la lucha del Frente Popular Revolucionario en el marco de “las libertades constitucionales y condenan al Gobierno estatal de pretender vincularlos con estas organizaciones armadas”.
Dentro de todo esto, Oaxaca vive las peores noches de su historia. Está en estado de sitio pero resiste. Empistolados y chamacos con cadenas y machetes circulan la ciudad asaltando a quien ose desafiar la soledad, pero resisten. Cierran las calles y los conductores, prudentemente, buscan alternativas. Disparan a la policía y la retan al enfrentamiento, y el pueblo aguanta. Pequeños grupos de jóvenes enmascarados secuestran violentamente autobuses de cualquier tipo y marca, los atraviesan en céntricas calles y se van, y la gente resiste. Las corporaciones policiacas están sometidas, temerosas y mal guiadas, pero aún así, la gente tiene esperanza de que esto pronto termine. Un centenar de muchachos pintan por las principales arterias, y al otro día la gente sale a cubrir las pintas. El Gobierno del Estado, de su lado, aun con dificultades, pero sigue funcionando. El gobierno municipal que preside Jesús Angel Díaz Ortega, acaba de terminar obras de vialidad importantes en la margen del río Atoyac, donde Caminos y Aeropistas de Oaxaca ha sido una nulidad. Bueno, hasta el líder de la CNOP, Javier Villacaña Jiménez, pieza importante del empinado PRI, ha presidido reuniones de trabajo en las colonias. Y esto ya es decir algo que sigue funcionando.
El pueblo ha sido estoico. Los rebeldes llaman por la radio secuestrada que se levanten contra el gobierno, pero la gente mejor se esconde. La soledad invade las calles. A diferencia de otros movimientos sociales con los mismos fines, descabezar al gobierno, tanto el comercio como la industria se dicen lastimados y no cierran por voluntad propia sus establecimientos. Un sobreviviente de esos hechos lo sabe muy bien, Miguel Angel Schultz Dávila, quien formó parte del gobierno que encarceló a los indígenas loxichas involucrados con el EPR como director de comunicación social, ahora quiere sacarlos para que den la lucha contra el “mal gobierno”. A pesar de que grupos armados con los que amenazaron con romper vidrios y destrozar los comercios que no cerraran, muchos hubo que desafiaron tal decisión. Esto no quiere decir que el gobierno no tenga dificultades. La procuradora de Justicia, Lizbett Caña Cadeza declaró con todo el pesimismo encima, que los grupos tienen clara tendencia de guerrilla urbana. Ciro Gómez Leyva, sereno y sapiente columnista mexicano, lo ha explicado con datos y señales, sin embargo, el vocero oficial la desmintió y también el gobernador Ulises Ruiz Ortiz. La desesperación que invade a los funcionarios oficiales los ha hecho caer en muchos errores. La situación no es para menos.
LUIS SANTIAGO


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