martes, octubre 24, 2006

En manos de los radicales

por Denise Maerker
publicado el 24 de octubre en Excélsior


Al escribir estas líneas, en la ciudad de Oaxaca están reunidos los miembros de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca; llevan horas discutiendo y están por definir una línea de acción. Acabo de hablar con uno de los líderes de los grupos miembros de la APPO para preguntarle cómo iban las cosas y con voz apagada me dijo:

-Aquí, muy muy radicales.

-¿Quiénes? —le pregunté.

-La base, la gente.

-Y eso, ¿a dónde los lleva?

-No, pues quién sabe, pero tienes que ver, hay cuatro velorios aquí en Oaxaca. Pasan los familiares con las cruces por delante. La gente está muy dolida, muy agraviada.

-Pero radicalizarse más, ¿a dónde los lleva?

-Pues es que la gente lo que ve es que hay una cerrazón total del gobierno.

-¿No será más bien que están en la vieja lógica de los movimientos marxistas revolucionarios de "agudizar las contradicciones" y crear las condiciones para tomar el poder?

-Yo la verdad no veo eso por ninguna parte, pero eso sí, esto está muy muy radical.

-Los maestros parecen querer regresar a clases.

-Y yo lo entiendo, incluso las razones de Enrique Rueda, pero es que hacen una valoración política muy racional y la base es otra cosa. Y ellos ven que Ulises ahí sigue.

La reunión debió haber acabado tarde, muy tarde en la noche.

Lo cierto es que este fin de semana se concretó una división entre los grupos que mantienen tomada la capital de Oaxaca; los muy radicales se separaron de los radicales a secas. Desde el viernes, las estaciones de radio en manos de la APPO han sido utilizadas para golpear a Rueda Pacheco y a los maestros que quieren volver a clases.

El movimiento parece haber caído en una trampa que ellos mismos tendieron. El haber planteado como única demanda la caída de Ulises Ruiz los dejó sin márgenes de maniobra, sin posibilidades de negociar y de capitalizar el esfuerzo y la movilización de otras maneras. En estos momentos, no importa lo que efectivamente hayan logrado ni lo que puedan hacer en los próximos meses; prometieron la caída de Ulises y Ulises sigue ahí, entonces fracasaron. Piden que el gobierno ceda, pero la verdad es que articularon de tal forma su exigencia que se condenaron a no tener manera de adaptarse a las circunstancias. Y hoy estamos a poco más de un mes de la toma de posesión de Felipe Calderón, con un Senado que consideró por mayoría que no podía dar como desaparecidos los poderes y con un gobierno federal comprometido a resolver la situación antes de irse. Es mucha presión y los líderes no tienen márgenes de maniobra, o eso nos hacen creer.

Lo que es un hecho es que los movimientos populares necesitan liderazgos fuertes y experimentados. Desde hace unos años, en nuestro país los movimientos sociales insisten en el asambleísmo. Esa forma de democracia directa que vuelve a los líderes una suerte de correos parlantes que no tienen ninguna capacidad para tomar decisiones. Esa organización o esa falta de estructura y de cultura política suele llevar a esos movimientos al fracaso, como fue el caso del CGH en 1999.

En Oaxaca, hoy se enfrentan dos grupos: los maestros y el conglomerado de organizaciones sociales que es la APPO. Los maestros tienen experiencia, estructura y organización. Su lectura de la situación los ha llevado en los últimos días a optar por un regreso a clases, aunque no haya caído Ulises Ruiz. Enrique Rueda y su equipo quieren, ante todo, mantenerse al frente de la Sección 22, evitar que Elba Esther Gordillo les quite una parte de la Sección y capitalizar los logros obtenidos en Gobernación. Quieren ganar y decir que ganaron.

En cambio, en la APPO no hay un liderazgo capaz de enfrentar a las bases, suponiendo que efectivamente lo quieran hacer. El discurso de Flavio Sosa y del líder con el que hablaba por teléfono es el mismo, la base está agraviada. ¿En qué movimiento social son los deudos de un caído, o los inmediatamente afectados, los que están en condiciones de tomar las decisiones y de definir la estrategia? Lo que más me sorprendió en las llamadas telefónicas con los radicales es que no hay mañana. ¿A dónde van? Nadie sabe. Hasta que Ulises caiga. A los radicales no les importa que sus acciones finalmente legitimen la solución de la fuerza. Son grupos amorfos, con agravios diversos y sin ningún liderazgo estructurado y confiable.

Es cierto que, a diferencia de los maestros, los de la APPO no tienen mucho qué capitalizar, porque su demanda única no ha sido resuelta, pero aún así es muy evidente que cada día son más rehenes de los radicales.

-¿Quién está en la reunión? Le pregunté al líder de la APPO.

-Los líderes de las organizaciones y luego la gente.

-¿Qué gente?

-Las señoras y los jóvenes de las barricadas, todos.

A ver qué pasa. Por lo pronto, en la reunión de esta noche han decidido radicalizar sus acciones.

DENISE MAERKER