Soluciones de Fox
publicado el 27 de octubre en El Universal
No cabe duda que quienes afirman que el estudio del lenguaje es fundamental para entender la política tienen razón. Y no sólo porque el lenguaje es poder sino porque las mismas palabras pueden tener diferentes significados para cada persona. Este es el caso de la palabra "solución", la cual para el presidente Fox parece tener un significado diferente al que le damos el resto de los mortales. Desde hace varias semanas que la Presidencia de la República viene insistiendo en que la crisis de Oaxaca se "solucionará" antes de que termine el gobierno de Vicente Fox. Pero cuando uno observa la evolución de las negociaciones entre la Secretaría de Gobernación y la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO) y la sección 22 del sindicato de profesores, esa "solución" no se vislumbra y más bien todo indica que este conflicto se va a heredar a Felipe Calderón. Entonces ¿por qué Fox insiste en que habrá una solución? Porque está hablando de algo diferente a lo que cualquier persona entiende por solución.
El presidente Fox lo explicó claramente hace tres días. Dijo que este conflicto se resolvería por la "vía del diálogo y la negociación", tal como sucedió en el tema del EZLN y en el del aeropuerto de Atenco. ¡Sácate las babuchas.! Ahora resulta que la bronca de Chiapas y la de Atenco fueron resueltas. Nomás faltó que Fox dijera que ello ocurrió en 15 minutos. En otras palabras, desde que el subcomandante Marcos vino a la ciudad de México en 2001 y habló en el Congreso se acabó el problema y el lío por el aeropuerto de Atenco se "solucionó" cuando el gobierno decidió echarse para atrás en su intento de llevar a cabo ese proyecto. Frente a tal declaración no queda más que el silencio y la sorpresa. Esto representa la acción de poner parches elevada a política de Estado.
Es más o menos como si ante la aparición de una fuga de agua, el plomero "soluciona" el problema haciendo un canal para que el agua no inunde la casa y salga hacia la calle. Ciertamente, en esta "solución" la vivienda no se inunda, pero decir que se resolvió el problema suena a tomada de pelo.
Evidentemente esta medida no representa una solución de fondo, pero ésa es la política que se ha seguido durante el sexenio que termina: el gran logro es que el país no tronó, aunque los problemas ahí siguen. La fuga de agua persiste pero la casa no se inundó. Las causas de la aparición del EZLN no se han resuelto y ese grupo sigue existiendo, pero no parece que éste va a generar una crisis nacional. El aeropuerto de Atenco no se construyó y el movimiento social que ese proyecto generó sigue actuando, pero no hubo otro Tlatelolco.
Obviamente detrás de esta concepción de la política hay un miedo patológico a utilizar la fuerza pública. El gobierno de Fox, por alguna razón extraña, está decidido a no usar a la policía federal para enfrentar ningún conflicto. Y todo indica que no la usará en el caso de Oaxaca a pesar de que miembros de su gabinete no descartan esa posibilidad.
Sin embargo, es claro que el gobierno federal prefiere seguir "negociando" al infinito antes que sacar a la policía a las calles. Y obviamente si un gobierno anuncia a los cuatro vientos que no va a usar la fuerza pública, a pesar de que hay delitos federales que perseguir, las negociaciones efectivamente seguirán hasta el infinito.
Esta visión del uso, o más bien del no uso de la fuerza pública, prácticamente bajo ninguna circunstancia, lo único que hace es debilitar al Estado. El recurso del diálogo, sin la amenaza del uso de la fuerza, lo único que hace es prolongar los conflictos y no resolverlos, o resolverlos a medias, como ha ocurrido en el sexenio de Fox.
Ello no significa, desde luego, que la fuerza pública debe usarse ante cualquier protesta. Significa sólo que debe usarse cuando se viola la ley para castigar al responsable. Así de sencillo.
En este sentido, la amenaza del uso de la fuerza debe servir para disuadir a quien pretende violar la ley. Pero si quien delinque sabe que no se va a usar la fuerza pública en su contra, y así lo anuncia públicamente la autoridad, es evidente que esa persona va a seguir delinquiendo.
No cabe duda que el conflicto de Oaxaca se complica cada vez más, aunque es probable que en la mente del presidente Fox, éste ya se "solucionó". Tal vez para él, la apertura de unas cuantas escuelas y el evitar que la APPO se apodere del gobierno del país sea una solución. En todo caso, todo sugiere que eso será lo que heredará Calderón: un país parchado, con "curitas" aquí y allá, con soluciones "hechizas", con canaletas de desagüe hechas con latas de atún. La gran pregunta es si Calderón quitará los parches y tomará decisiones estructurales que realmente "resuelvan" los problemas o seguirá dialogando al infinito con quienes violan la ley.
JORGE CHABAT

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