sábado, noviembre 11, 2006

Nudo gordiano

por Jaime Sánchez Susarrey
publicado el 11 de noviembre en Reforma


El gobierno federal intervino tarde y mal en Oaxaca. Tarde, porque pasaron cinco largos meses sin que asumiera sus responsabilidades. Tarde, porque murieron 14 personas en los enfrentamientos. Tarde, porque los derechos de los ciudadanos fueron atropellados impunemente sin que nadie reaccionara. Tarde, porque la situación es hoy mucho más complicada. Tarde, porque el problema ya le fue heredado a Felipe Calderón. Mal, porque el empleo de la fuerza pública ha sido insuficiente. Mal, porque la Policía Federal Preventiva atrincherada en el zócalo no controla el espacio urbano ni impone orden. En suma, mal y tarde, porque la ciudad de Oaxaca sigue siendo tierra de nadie.

El impasse que se vive allá no es casual ni es resultado de un equilibrio de fuerzas, es efecto de un entendimiento perverso. El gobierno de Vicente Fox y los dirigentes de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (los appos) están en la misma sintonía. No quieren enfrentamientos. La pasada manifestación fue el ejemplo perfecto. Los appos marcharon por las calles, pero no desafiaron ni se confrontaron con los federales. Cada uno respetó el territorio del otro. La tregua pactada en Gobernación busca ganar tiempo. No hay más secreto. A Fox se le queman las castañas porque llegue el 1o. de diciembre. A la APPO le interesa prolongar el conflicto hasta el inicio del nuevo gobierno.

Por eso se puede afirmar que el problema ya le fue heredado a Felipe Calderón. Su primera obligación será resolverlo. El contexto, de ahora a la toma de posesión, se complicará aún más. De entrada, porque se trata de uno de los temas más importantes de la agenda de la nueva administración: la seguridad pública y la capacidad de gobernar. Lo que se haga o se deje de hacer marcará el resto del sexenio. Calderón caminará entonces por el filo de la navaja: si no responde con fuerza y rapidez se le percibirá como un Presidente débil; si recurre a la fuerza, como debería hacer, será denunciado por la izquierda como un represor.

Pero no sólo eso. Los appos utilizarán los primeros días y semanas para aumentar la presión. Las provocaciones y los enfrentamientos subirán de tono. El objetivo será darle una caladita al nuevo Presidente. Apostarán a la juventud y falta de experiencia de Calderón y su equipo de gobierno. De su lado tendrán a López Obrador y al PRD. Todos comparten el mismo objetivo: debilitar a la Presidencia o, en su caso, iniciar una campaña de denuncia contra el supuesto gobierno represor. Por eso AMLO y el PRD apoyan abiertamente a la APPO. Y en esta misma lista caben, obviamente, los movimientos guerrilleros y los actos terroristas en otras ciudades, como los que ya ocurrieron en el Distrito Federal.

A estas alturas es evidente, o debería serlo, que el problema en Oaxaca tiene dos dimensiones: una estrictamente policiaco-militar que se refiere a la recuperación del espacio urbano y la implantación del orden. Y otra de carácter político que incluye la negociación con las fuerzas de oposición y la eventual renuncia de Ulises Ruiz al gobierno. En ninguno de esos tableros las cosas serán fáciles. En el primero, porque todo indica que sin la intervención del Ejército no habrá forma de restituir el Estado de derecho. En el segundo, porque las fuerzas y los actores involucrados son muchos y con intereses encontrados.

Comencemos por el PRI. Ulises Ruiz no cuenta con el apoyo de todos los gobernadores ni de la totalidad de los senadores y diputados priistas. Muchos de ellos creen y están convencidos de que su salida es indispensable. Sin embargo eso no basta. Porque nada indica que la obstinación del gobernador vaya a cambiar con la entrada de Felipe Calderón. Antes al contrario, él -como la APPO- sabe que lo que suceda en los primeros días y semanas de diciembre será crucial para el desenlace del conflicto. Su estrategia, en consecuencia, será consolidar el apoyo que tiene en el interior del estado y a partir de allí presionar al PRI nacional y a los gobernadores para que le brinden apoyo.

Calderón está obligado a ponderar esa variable. La salida de Ulises Ruiz, siendo deseable, depende de condiciones muy concretas. No es lo mismo tratar con un gobernador que está aislado y debilitado que con uno que ha logrado, mediante cualquier medio, el apoyo de su partido y de otros gobernadores. A final de cuentas, el nuevo presidente de la República tiene que partir de una consideración sencilla: en el enfrentamiento con AMLO y el PRD se puede permitir muchas cosas, pero no debe perder el entendimiento con el PRI que, para bien o para mal, se ha convertido en el fiel de la balanza. Toda proporción guardada, su situación es semejante a la de Salinas de Gortari en el 88 cuando estableció una alianza estratégica con Acción Nacional.

Esta coordenada acota, por sí misma, las salidas viables al conflicto. La posibilidad de una alianza de la fracción panista en el Senado con la fracción perredista para someter a juicio político a Ulises Ruiz debe ser valorada en función de sus consecuencias. Los beneficios iniciales, suponiendo que los hubiera inmediata y claramente, no compensarían los costos de mediano y largo plazo en el plano nacional. La lección que dejó el gobierno de Fox en ese sentido es bastante clara. No se pueden tejer alianzas en el día para torpedearlas por la noche. Los pactos políticos exigen confianza y una forma de continuidad. De otro modo, todo queda sujeto a los vaivenes de la coyuntura y se termina creando una torre de Babel. Los enemigos de ayer son los amigos de mañana y viceversa.

Hay, en consecuencia, dos errores de método que Calderón debe evitar: el primero es subestimar la gravedad de la crisis y suponer que tiene un periodo de gracia para encontrarle una solución. El segundo es fijar otras prioridades que demandarían la misma atención que el conflicto con el argumento de que México no es Oaxaca. La estrategia debe ser la contraria con base en tres prioridades: Oaxaca, Oaxaca y Oaxaca. A los oaxaqueños y a los mexicanos, todos, nos debe quedar claro cómo y cuándo empezará la solución del problema. Nadie esperará que esto ocurra de la noche a la mañana, pero sí que haya un giro de 180 grados. La falsa tolerancia y la irresponsabilidad de Vicente Fox deberán quedar atrás.

¿Estará el Presidente a la altura del problema? No lo sabremos a ciencia cierta sino hasta diciembre. Pero antes tendremos un indicio muy claro en el nombramiento del secretario de Gobernación. El perfil de este o esta personaje anticipará el tipo de estrategia que se pondrá en marcha. Ojalá que Calderón no se equivoque.


JAIME SÁNCHEZ SUSARREY