martes, octubre 24, 2006

Por qué no se resuelve Oaxaca

por Regina Santiago Núñez
publicado el 24 de octubre en La Crónica


En cualquier aspecto de la vida, un mal diagnóstico deriva en decisiones equivocadas. Cuando es un médico quien se confunde, pone en peligro la salud de un paciente; cuando quien se confunde es Presidente de la República, pone en peligro la salud de un país.

Vicente Fox parece no tener clara la importancia estratégica del conflicto oaxaqueño, que no se circunscribe al ámbito local —como algunas voces interesadas han tratado de hacer creer—, sino que tiene vasos comunicantes en el ámbito nacional e incluso internacional.

Vivimos una circunstancia en que está en juego la salud de la República. Estremece escuchar a Fox decir: Oaxaca se resolverá de la misma manera en que se solucionó el problema del EZLN o el de San Salvador Atenco. ¿Acaso esos conflictos están solucionados? ¿Puede rendir buenas cuentas un gobierno que tiene en su haber el no encontrar la forma de garantizar que un millón de niños oaxaqueños deje de ser rehén de intereses políticos? Oaxaca tiene como rehenes no sólo a sus niños, a sus maestros, a sus sectores radicales y a sus caudillos; tiene como rehén a todo un país y a su Presidente, sólo que éste no quiere darse cuenta.

Oaxaca y la resistencia contra Calderón
Son muchos los elementos que interactúan en este conflicto. La derrota del lopezobradorismo en Tabasco provocó una crisis en el movimiento. El objetivo de involucrar a López Obrador directamente en el proceso electoral era impedir que se cumpliera el escenario catastrófico de una derrota por un margen tan amplio como el que se dio.

¿Cómo justificar una movilización para protestar por el resultado si la elección no fue cerrada? Ante el fracaso de la Operación Tabasco, cada vez resulta más claro que a los diversos grupos que integran la Coalición Por el Bien de Todos le interesa mantener vivo un conflicto como el de Oaxaca para que proporcione oxígeno al movimiento contra Felipe Calderón.

Ante esto se incrementa la atención de organismos de seguridad, tanto nacionales como internacionales. De ahí la lectura de que ese conflicto representa un problema de seguridad nacional.
Esto podría explicar el énfasis que ponen algunas voces de ciertos sectores del movimiento lopezobradorista en evitar que el Ejército, la Marina, o la PFP intervengan directamente en restablecer el orden en la zona, lo que se traduciría inevitablemente en un incremento de la vigilancia en la región.

Sería importante conocer a detalle los argumentos de la Secretaría de Gobernación para bloquear la acción de los organismos de seguridad, proponiendo en cambio situaciones tan extrañas como la del envío de un funcionario del gobierno federal a coordinar las policías locales.

Quienes cuestionan el estilo Abascal de administrar los conflictos hacen notar que si se sigue generando la percepción de un vacío de poder, si se sigue alimentando la idea de que no hay forma de garantizar la seguridad de quienes no están de acuerdo con las acciones radicales, se pone en riesgo la estabilidad del país.

El tic tac de un conflicto que urge desactivar
El viernes 22 de octubre, el diario español El País publicó un editorial titulado: “Oaxaca como disparate”. En él advierte que cinco meses de parálisis política han transformado Oaxaca en una bomba de tiempo. Lo que empezó como una huelga ritual de maestros en demanda de mejoras salariales se convirtió en una insurrección social aderezada con guerrilla urbana, que ha cobrado ya nueve vidas y ha arruinado turística y comercialmente a su capital; 250,000 almas encerradas entre barricadas.

Para el periódico español resulta evidente que sólo medidas de choque podrán devolver el orden y la actividad a una ciudad que se desangra entre el hartazgo de su población. El diario critica que el gobierno de Fox se preocupe más por cuidar la imagen con que lo retratarán los libros de historia, que por desactivar esa bomba de tiempo que supone una herencia doblemente envenenada para Calderón; como si el inminente presidente mexicano no tuviera suficiente con el mandato paralelo que amenaza con montar su rival electoral, el oportunista —así lo considera El País— Andrés López Obrador.

El editorial se publicó en momentos en que Enrique Rueda, dirigente de la Sección 22 del magisterio oaxaqueño, había anunciado que era un hecho que los maestros cumplirían el acuerdo de regresar a clases una vez que se diera a conocer la decisión del Senado sobre si había lugar o no para declarar que los poderes en Oaxaca habían desaparecido.

Ese viernes, durante todo el día, corresponsales en Oaxaca de diversos medios informativos destacaron que desde la estación de radio que mantiene tomada la APPO se lanzaron mensajes de presión, desconociendo los compromisos establecidos por Rueda.

Se difundieron también mensajes en que la APPO comenzó a llamar a una resistencia nacional contra las instituciones, señalando que el 1 de diciembre, fecha en la que Felipe Calderón tomará posesión de su cargo como presidente, deberá ser el día de la resistencia nacional. Prometían que pronto se anunciarían mayores detalles y acciones concretas.

Ante la imagen de un rompimiento de la APPO y de que el sector radical estaba rechazando sus propuestas, Enrique Rueda se comunicó a diversos noticiarios para asegurar que sí había un acuerdo político y era incuestionable el regreso a clases.

Uno de esos espacios fue el noticiario de José Cárdenas, en Radio Fórmula. El conductor entrevistó a Rueda al mismo tiempo que a Flavio Sosa, líder de la APPO. Se buscó desactivar la imagen de un rompimiento entre Rueda y la APPO y enviar un mensaje de que una salida política al conflicto todavía era una posibilidad real.

Fue en ese contexto que José Cárdenas le preguntó a Enrique Rueda si estaba de acuerdo con el diagnóstico del diario de que Oaxaca era una bomba de tiempo.

Rueda respondió que no coincidía con ese planteamiento porque ellos (los maestros oaxaqueños) no están en la vía de la insurrección. Reiteró que el regreso a clases era un hecho y sólo había que determinar la fecha, cosa que se haría en la consulta que se estaba llevando a cabo. Insistió en que había que interpretar esa acción, el inminente regreso a clases, como una clara señal de distensión.

El sup Marcos entra a escena
Sin embargo, casi en el mismo momento en que Rueda hacía estas declaraciones, el portal de La Jornada difundía una nota de Herman Bellinghausen, uno de sus colaboradores con relaciones más estrechas con el EZLN, quien había sido enviado a cubrir la visita del subcomandante Marcos a Mexicali.

En lo que Bellinghausen calificó como una inusual conferencia de prensa, Marcos dio elementos para apuntalar el diagnóstico y la advertencia que hiciera esa mañana el diario El País. Señaló: La APPO y el movimiento social oaxaqueño son “un ejemplo heroico para todo el país”. Si tocan a la APPO nos tocan a todos y tendrán el apoyo incondicional de La otra campaña o por lo menos del EZLN. Al movimiento oaxaqueño sólo lo podrán detener con un baño de sangre. Luego agregó: Vamos a derrocar al gobierno de Felipe Calderón. No tiene legitimidad, nadie en México cree que haya ganado las elecciones.

El interés real es mantener vivo el conflicto
El domingo 24 de octubre, la mayoría de los diarios confirmó las versiones de que la expectativa de un regreso a clases no tenía sustento en la realidad. Después de más de 14 horas de debates, la asamblea estatal del magisterio rechazó los resultados de la consulta que, según la dirigencia, ordenaba el regreso a clases a partir del lunes 25 de octubre.

Siguiendo el patrón que ya se ha establecido, el secretario Abascal respondió con un nuevo exhorto al regreso a clases. El lunes 25 Enrique Rueda fue entrevistado por algunos noticiarios para que desmintiera la ruptura con la APPO y se comprometiera a que, tras una nueva consulta, ahora sí se acordaría el regreso a clases. Vicente Fox recibió con júbilo el compromiso del retorno a la normalidad. Fue cuando declaró que Oaxaca se soluciona, como se solucionaron Atenco y el EZLN.

REGINA SANTIAGO NÚÑEZ