miércoles, noviembre 01, 2006

Oaxaca, Bush y Calderón

por Rossana Fuentes-Berain
publicado el 1 de noviembre en El Universal


En una semana el Partido Demócrata podría alcanzar los 15 escaños que necesita para convertirse en mayoría en la Cámara de Diputados. El jueves 8 de noviembre comenzará el ocaso de la presidencia de George W. Bush, quien 24 horas después se reunirá con el presidente electo Felipe Calderón. Oaxaca y el muro serán el telón de fondo de la conversación.

El deterioro de la guerra en Irak se convirtió en el tema central de las elecciones legislativas en Estados Unidos a pesar de los intentos de los republicanos por desviar la atención del electorado hacia la inmigración ilegal.

Octubre fue el mes en que más muertos hubo entre la tropa estadounidense desplegada en Irak, casi un centenar. Muchos de los candidatos demócratas han sido capaces de socavar a sus rivales republicanos señalándolos como quien metió al país en el pantano de una invasión cuya lógica cambió con el tiempo, transitando desde el argumento de la amenaza de las armas químicas hasta el de ayudar en la construcción de un régimen democrático.

El desprestigio de Bush es tal que él mismo reconoció "no estar satisfecho" con el estado actual de la guerra. Tan fuerte empieza a ser la crítica que ya se habla del fantasma de Vietnam, el espectro que se refiere a la humillación que sufrió EU en el sureste asiático cuando tuvo que retirarse derrotado en 1973.

Lejos estamos de ver "el último helicóptero de Saigón", la imagen que captura ese fracaso militar, pero hoy la palabra "retirada" ha dejado de ser tabú en el discurso político respecto a Irak y los demócratas la usan sin temor a ser calificados como blandengues y traidores a la patria.

Supuestamente la decisión de Bush respecto a construir un muro fronterizo le significaría el apoyo de los sectores preocupados por el asunto de la seguridad en su país. De ahí la publicitada ceremonia de firma, paradójicamente realizada en el Salón Roosevelt, nombrado así en honor al presidente que impulsó hacia Latinoamérica la política llamada "del buen vecino".

Hace ya tiempo que Estados Unidos no es un buen vecino para México. La corta luna de miel entre los vaqueros, Fox y Bush, se acabó en septiembre de 2001. Al ex gobernador de Texas le cambió el mundo con los ataques terroristas y México se convirtió en la menor de sus preocupaciones, una ficha intercambiable por asuntos verdaderamente importantes, como tratar de mantener la mayoría en el Congreso.

Si para ello había que hacer enojar a los mexicanos, ni modo, siempre ha salido barato "pegarle" retóricamente al vecino. Sólo que esta vez la táctica se complica por el foco rojo de alerta respecto a Oaxaca.

Los fuegos de artificio respecto al muro, que difícilmente llegará a construirse, no han logrado a estas alturas de la campaña tapar el ruido de las explosiones de verdad que vienen de Irak. Pero las explosiones de las bombas molotov y los disparos de gas lacrimógeno que llegan de Oaxaca sí pueden capturar la atención de los que se ocupan diariamente de México en Washington.

El periodista-activista asesinado el viernes, Bradley Roland Will, no será lo que Bill Stewart fue en Nicaragua en 1979 para el establishement estadounidense, esa gota que derramó el vaso para retirarle el apoyo a Anastasio Somoza, pero sí es un recordatorio de que en el propio vecindario las cosas se pueden tornar peligrosas, que no puede darse por sentada la estabilidad política en México y por tanto la seguridad de la frontera sur.

El Bush con el que se reunirá Calderón está acosado y México regresa a su radar en una situación indeseable: la polarización política general y las llamadas de alerta estadounidenses por los informes profesionales de los P.O. (political officers), de la embajada de Estados Unidos respecto a cómo ha escalado el conflicto en Oaxaca.

En ese contexto los augurios del encuentro de la próxima semana no son buenos. La expectativa racional es que se fijen los protocolos de comunicación entre los dos presidentes y se institucionalicen algunos mecanismos de trabajo entre los equipos.

Un asunto, sin embargo, sí debe dejarse en la mesa: hay que hablar a partir de diciembre del capítulo maíz y frijol dentro del TLCAN. Se puede hacer discretamente sin grandes pronunciamientos de ninguna de las dos partes, pero sería deseable enmarcarlo como lo que puede llegar a ser: un asunto de seguridad para ambos. A los campesinos mexicanos pobres les va en ello la sobrevivencia; para los estadounidenses debería ser un recordatorio de que si se mezclan ideología y pobreza en el sur de México van a tener, siguiendo con las metáforas del sureste asiático: "Mil Oaxacas".

ROSSANA FUENTES-BERAIN