sábado, noviembre 04, 2006

Fox: el miedo a ejercer el poder

por José Contreras
publicado el 4 de noviembre en La Crónica


El operativo de la Policía Federal Preventiva para “recuperar” Oaxaca es un reflejo de la actitud omisa, temerosa y titubeante que mantuvo el gobierno del presidente Fox a lo largo del sexenio, cuando se vio en la necesidad de restablecer el orden público.

El conflicto de Oaxaca, que aparentemente tuvo un origen magisterial, en pocas semanas se convirtió en la bandera de una serie de organizaciones de todo tipo, desde las que defienden los derechos de los indígenas hasta los que tienen nexos con la guerrilla.

Fueron estos grupos radicales, agrupados en la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO), los que tomaron el control del movimiento mediante la aplicación de tácticas de guerrilla urbana para romper el orden institucional y generar el caos.

Estrangularon la capital mediante la toma permanente del Centro Histórico y la instalación de aproximadamente tres mil barricadas en diferentes puntos de la ciudad.

Tomaron por la fuerza oficinas públicas, juzgados, la Universidad Autónoma Benito Juárez, nueve estaciones de radio y la sede del Congreso local, la cual dejaron destrozada.

En los últimos cinco meses, la APPO impuso su ley en la capital de Oaxaca. Ante la ausencia de las fuerzas del orden estatales y municipales, sometió a “juicio popular” a un número considerable de ciudadanos, quienes eran golpeados, amarrados como animales y exhibidos en la plaza pública ante la sola sospecha de ser ladrones.

En esos cinco meses se presentaron diversos actos de violencia y atentados contra los intereses y derechos de terceros, como saqueos a comercios y cateos a los principales hoteles del centro.
Hubo varias balaceras y otro tipo de agresiones que habían dejado hasta el jueves de la semana pasada, un saldo de 10 muertos y varios lesionados.

Tuvo que llegar la violenta jornada del pasado viernes, cuando el camarógrafo y activista pro APPO de nacionalidad estadunidense Bradley Ronald Will y otras tres personas perdieron la vida, para que el gobierno federal se decidiera, por fin, a cumplir con su obligación constitucional de preservar el orden.

El gobierno federal ordenó la entrada de la PFP a la capital de Oaxaca pero lo hizo con tanto miedo y con tantos titubeos, que una semana después la corporación no ha logrado o no ha querido tener el control de la ciudad. Enfrenta una rebelión de grupos radicales armados con piedras, cohetes y bombas molotov, pero pareciera que enfrenta una guerra.

El presidente Fox tenía tanto miedo de ser acusado de represor cuando está a punto de entregar la estafeta, que ordenó la puesta en marcha de un operativo muy aparatoso pero poco eficaz para restablecer el orden.

Es inadmisible que la PFP entrara a la ciudad de Oaxaca precedida de un gran impacto mediático, sólo para replegar a los integrantes de la APPO, eliminar las barricadas y permitir el libre tránsito vehicular.
En cualquier operativo de esta magnitud, (habría que recordar Atenco y Ciudad Universitaria) lo más lógico es que a la par que se recuperan las instalaciones públicas y privadas invadidas es detenida la mayoría de los manifestantes.

Pero en este caso, extrañamente se tomó la decisión de no tocar ni siquiera a las cabezas del movimiento.

Es absurdo que el gobierno federal decida por fin intervenir para poner fin a una situación de anarquía y violencia, y deje libres a los responsables —que además han cometido varios delitos del orden común y federal— para que sigan realizando actos de sabotaje a la misma presencia de la policía que no los quiso detener.

A una semana del ingreso de las fuerzas federales no sólo no se ha restablecido el orden sino que ahora se tiene la percepción en la opinión pública de que en Oaxaca hay una guerra civil, por las imágenes que vemos todos los días en la televisión de cruentas batallas, camiones incendiados y nuevas barricadas.

El colmo del erróneo operativo se vivió el pasado jueves, cuando la PFP fue replegada y humillada por los integrantes de la APPO. Es lamentable la fotografía que publicaron varios diarios el día de ayer en la que se aprecia cómo los manifestantes obligaron a los tripulantes de una tanqueta antimotines a descender de la unidad y huir tras una lluvia de piedras.

La APPO celebró su “triunfo” sobre las fuerzas federales y aseguró que “gracias al pueblo” se logró repeler “la agresión de la policía federal.

¿Un grupo de manifestantes armado con bombas molotov y petardos derrotó a un cuerpo de seguridad federal cuyos integrantes tienen entrenamiento militar, utilizan granadas de gas lacrimógeno y cuentan con equipo especializado para controlar motines? ¿La PFP fue derrotada o se dejó derrotar?

Es inaceptable el argumento del secretario de Gobernación, Carlos Abascal, de que la PFP no pretendía ingresar a la Universidad por respeto a su autonomía. Las universidades tienen autonomía académica, de gobierno y financiera, pero no territorial ni judicial. No son Estados dentro del Estado.
Los elementos de la PFP no han dado un solo toletazo en Oaxaca, pero de todos modos la prensa perredista calificó al operativo de “violento” desde el primer día. De todos modos provocó bloqueos al Eje Central del Distrito Federal. De todos modos generó reacciones de rechazo en varios países. Fue un operativo “light” pero de todos modos Fox se irá con el estigma de “represor”.

La falta de decisión del gobierno de Vicente Fox para terminar con el conflicto de Oaxaca tendrá consecuencias de todo tipo. El conflicto será la herencia más negativa que reciba Felipe Calderón, quien desde su toma de posesión podría empezar a pagar la factura de acciones y omisiones que él no cometió.

JOSÉ CONTRERAS