Oaxaca entre un Presidente electo y dos estrellas mediáticas declinantes
por José Carreño Carlón
publicado el 4 de noviembre en La Crónica
Con un presidente (formalmente) en funciones, en gira de despedida de sus colegas de Iberoamérica, y un candidato derrotado que insiste en proclamarse “presidente legítimo”, el presidente constitucionalmente electo parece obligado a apartar la vista de esos dos magos del espectáculo, de esas dos estrellas mediáticas en declinación, para concentrarse en sus últimas, escasas cuatro semanas de seguimiento de la nave cuyo timón tomará en pleno vuelo.
Es una nave, en el mejor de los casos, sin rumbo y, en el peor, en ruta de colisión.
Por ahora, en su último vuelo de entrenamiento, a Felipe Calderón le espera un agónico viaje sin escalas que lo mantendrá sobrevolando sobre el desastre de Oaxaca en estos días definitorios, para llevarlo el próximo jueves a una incierta visita con un presidente de Estados Unidos que el martes anterior habrá visto definida su suerte en la elección legislativa norteamericana. El viaje de regreso lo mantendrá nuevamente volando en círculos sobre la crisis fin-sexenal por tres semanas, para tocar tierra exactamente dentro de cuatro viernes, la tierra políticamente desordenada que heredará de su antecesor.
El signo central de la crisis de este fin de sexenio —y la herencia más gravosa para el siguiente— es el de la fragilidad institucional derivada de la acumulación de efectos de la resistencia de las autoridades de todos los niveles, y de varios sexenios para acá, a hacer obedecer las leyes.
Y en ese sentido, el polvorín de Oaxaca no es sólo un problema de antiguos caciques locales enfrentados por el reparto de prebendas en un estado particularmente deficitario de ciudadanía y con escandaloso superávit de clientelas e intermediarios. Es también un problema nacional en el que el cacique impuesto en la localidad (Ruiz) por un cacique nacional (Madrazo), perdió el control del Estado por pretender desactivar los controles de los anteriores caciques locales (Murat, Carrasco) hoy caciques nacionales intermedios. Contribuyeron al movimiento del piso del gobernador Ruiz los ajustes de cuentas del caciquismo sindical del magisterio, el oficial y el disidente, el nacional y el local.
Y cuando a todos se les fue de las manos el control de sus maniobras, otro cacique nacional (en declinación: Amlo) aparece urgido de aprovechar el remolino para reemprender el vuelo.
En ese sentido acierta la editora de la sección “The Americas” de The Wall Street Journal, Mary Anastasia O’Grady, cuando en su colaboración de ayer reportó que, “lejos de una batalla entre ricos y pobres, o entre el viejo México corporativo y los reformistas, lo que pasa en Oaxaca es una (ruidosa, ruda) riña por el poder entre dinosaurios de la vieja guardia”.
La editora ejemplifica: “Hay serios cuestionamientos sobre la manera en que el anterior gobernador del PRI José Murat manejó el Estado” y cómo se comportó en la sucesión local, hace más de un año.
Para la periodista, finalmente, “el público mexicano en su mayoría ha mostrado poca tolerancia por ambos bandos en esta riña de dinosaurios”.
Y una vez que toque tierra, Calderón tendrá que enfrentar todo esto en su escala nacional y en su escala local, sostiene la editora de “The Americas”; “lidiar con el poder de extorsión de la sección 22 del SNTE y con todo los intereses particulares que han caído en el hábito de usar la violencia callejera para obtener privilegios del gobierno”.
Mientras tanto, habrá que dejar fluir las últimas semanas del gobierno de Fox sin dedicarle mayores energías a sus desplantes mediáticos de estrella en descenso, ni a los intentos de amarres de navajas entre los equipos entrante y saliente, con sus potenciales y siempre costosas hemorragias, pero que en el actual trance de debilidad institucional podrían poner fin a la breve historia de la alternancia democrática del México.
Nueva elección oaxaqueña como última oportunidad de supervivencia de Amlo
En cuanto a la otra estrella mediática declinante, Amlo mismo pareció ayer asumir esa condición y redujo el anuncio de su “gabinete presidencial legítimo” a le lectura de una modesta lista de más bien modestas figuras en un acto modesto en modesto local cerrado, que previsiblemente tendrá un modesto seguimiento en los medios.
En un trance de mayor pragmatismo y menor providencialismo, el candidato presidencial derrotado se centró en lo urgente. Y más que enfatizar la supuesta trascendencia del acto de nombramiento de su “gabinete” o la supuesta relevancia de los agraciados con tal distinción, Amlo redujo su mensaje clave a lo que ahora le importa como última oportunidad de supervivencia política: la urgencia de una campaña electoral que encabezar.
De allí su llamado central al retiro de la Policía Federal Preventiva (PFP) de la capital oaxaqueña, su exigencia de “desaparición de poderes y —lo más apremiante— la convocatoria a elecciones extraordinarias” en Oaxaca.
Fueron sus coros los que pusieron al descubierto el siguiente paso. Amlo necesita esa campaña electoral, por encima de todo, como detonante del proyecto de ingobernabilidad con el que amaga la toma de posesión del Presidente electo.
Y fue el voluntarismo de las consignas, que daba por hecho no sólo lo que todavía no ocurría, sino lo que se espera como consecuencia del hecho aún no ocurrido, lo que lo delataron: “Ulises ya cayó y sigue Calderón”, coreaban los asistentes, mientras el tabasqueño ocupaba los asientos centrales de la primera fila, registraba anoche la edición online de Reforma.
El problema de esa desesperada empresa es que, una vez más, Amlo está exponiendo a su partido a los costos de una aventura probablemente perdedora, cualquiera que sea el desenlace. A estas alturas, nadie garantiza una caída inmediata del gobernador. Y cantar victoria tras montarse en un movimiento que llegue a tumbar a un gobierno, puede convertirse en un triunfo pírrico, por los costos electorales que ello puede acarrearle a su partido.
De cualquier manera, no parece haber marcha atrás en el proyecto.
Ayer, la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO) empezó una serie de reuniones con diversos sectores a fin de reactivar el movimiento por la caída del gobernador Ulises Ruiz.
Y, como cualquiera podría preverlo, la primera de esas reuniones de Flavio Sosa, Zenen Bravo y Florentino López y el resto de la dirigencia colectiva de la APPO, fue con dirigentes y legisladores del PRD, entre los que estuvieron presentes el diputado Cuauhtémoc Sandoval Ramírez y representantes del Comité Ejecutivo Nacional perredista.
Y como ellos mismos lo informaron, durante el encuentro del “movimiento popular” oaxaqueño con representantes del Partido de la Revolución Democrática, los temas predominantes fueron las opciones para profundizar la lucha contra el mandatario estatal y las acciones implementadas para “la resistencia a la ocupación de la Policía Federal Preventiva”, que desde el domingo pasado se encuentra en la capital del estado y que anteayer fue repelida por grupos de la APPO.
Mientras que aquí en México, los diputados del PRD en la Asamblea Legislativa del DF reconocieron que han financiado al movimiento magisterial en Oaxaca y anunciaron que seguirán con este apoyo económico en los próximos días. Durante una conferencia de los integrantes de la Mesa Directiva de la fracción perredista, Víctor Círigo, coordinador de los asambleístas del PRD, detalló que por un acuerdo suscrito por los 34 diputados que integran la fracción parlamentaria, se otorgarán dos días de dieta de cada legislador al movimiento magisterial de aquella entidad.
A ver cómo llegamos al próximo primer viernes de diciembre.
JOSÉ CARREÑO CARLÓN
publicado el 4 de noviembre en La Crónica
Con un presidente (formalmente) en funciones, en gira de despedida de sus colegas de Iberoamérica, y un candidato derrotado que insiste en proclamarse “presidente legítimo”, el presidente constitucionalmente electo parece obligado a apartar la vista de esos dos magos del espectáculo, de esas dos estrellas mediáticas en declinación, para concentrarse en sus últimas, escasas cuatro semanas de seguimiento de la nave cuyo timón tomará en pleno vuelo.
Es una nave, en el mejor de los casos, sin rumbo y, en el peor, en ruta de colisión.
Por ahora, en su último vuelo de entrenamiento, a Felipe Calderón le espera un agónico viaje sin escalas que lo mantendrá sobrevolando sobre el desastre de Oaxaca en estos días definitorios, para llevarlo el próximo jueves a una incierta visita con un presidente de Estados Unidos que el martes anterior habrá visto definida su suerte en la elección legislativa norteamericana. El viaje de regreso lo mantendrá nuevamente volando en círculos sobre la crisis fin-sexenal por tres semanas, para tocar tierra exactamente dentro de cuatro viernes, la tierra políticamente desordenada que heredará de su antecesor.
El signo central de la crisis de este fin de sexenio —y la herencia más gravosa para el siguiente— es el de la fragilidad institucional derivada de la acumulación de efectos de la resistencia de las autoridades de todos los niveles, y de varios sexenios para acá, a hacer obedecer las leyes.
Y en ese sentido, el polvorín de Oaxaca no es sólo un problema de antiguos caciques locales enfrentados por el reparto de prebendas en un estado particularmente deficitario de ciudadanía y con escandaloso superávit de clientelas e intermediarios. Es también un problema nacional en el que el cacique impuesto en la localidad (Ruiz) por un cacique nacional (Madrazo), perdió el control del Estado por pretender desactivar los controles de los anteriores caciques locales (Murat, Carrasco) hoy caciques nacionales intermedios. Contribuyeron al movimiento del piso del gobernador Ruiz los ajustes de cuentas del caciquismo sindical del magisterio, el oficial y el disidente, el nacional y el local.
Y cuando a todos se les fue de las manos el control de sus maniobras, otro cacique nacional (en declinación: Amlo) aparece urgido de aprovechar el remolino para reemprender el vuelo.
En ese sentido acierta la editora de la sección “The Americas” de The Wall Street Journal, Mary Anastasia O’Grady, cuando en su colaboración de ayer reportó que, “lejos de una batalla entre ricos y pobres, o entre el viejo México corporativo y los reformistas, lo que pasa en Oaxaca es una (ruidosa, ruda) riña por el poder entre dinosaurios de la vieja guardia”.
La editora ejemplifica: “Hay serios cuestionamientos sobre la manera en que el anterior gobernador del PRI José Murat manejó el Estado” y cómo se comportó en la sucesión local, hace más de un año.
Para la periodista, finalmente, “el público mexicano en su mayoría ha mostrado poca tolerancia por ambos bandos en esta riña de dinosaurios”.
Y una vez que toque tierra, Calderón tendrá que enfrentar todo esto en su escala nacional y en su escala local, sostiene la editora de “The Americas”; “lidiar con el poder de extorsión de la sección 22 del SNTE y con todo los intereses particulares que han caído en el hábito de usar la violencia callejera para obtener privilegios del gobierno”.
Mientras tanto, habrá que dejar fluir las últimas semanas del gobierno de Fox sin dedicarle mayores energías a sus desplantes mediáticos de estrella en descenso, ni a los intentos de amarres de navajas entre los equipos entrante y saliente, con sus potenciales y siempre costosas hemorragias, pero que en el actual trance de debilidad institucional podrían poner fin a la breve historia de la alternancia democrática del México.
Nueva elección oaxaqueña como última oportunidad de supervivencia de Amlo
En cuanto a la otra estrella mediática declinante, Amlo mismo pareció ayer asumir esa condición y redujo el anuncio de su “gabinete presidencial legítimo” a le lectura de una modesta lista de más bien modestas figuras en un acto modesto en modesto local cerrado, que previsiblemente tendrá un modesto seguimiento en los medios.
En un trance de mayor pragmatismo y menor providencialismo, el candidato presidencial derrotado se centró en lo urgente. Y más que enfatizar la supuesta trascendencia del acto de nombramiento de su “gabinete” o la supuesta relevancia de los agraciados con tal distinción, Amlo redujo su mensaje clave a lo que ahora le importa como última oportunidad de supervivencia política: la urgencia de una campaña electoral que encabezar.
De allí su llamado central al retiro de la Policía Federal Preventiva (PFP) de la capital oaxaqueña, su exigencia de “desaparición de poderes y —lo más apremiante— la convocatoria a elecciones extraordinarias” en Oaxaca.
Fueron sus coros los que pusieron al descubierto el siguiente paso. Amlo necesita esa campaña electoral, por encima de todo, como detonante del proyecto de ingobernabilidad con el que amaga la toma de posesión del Presidente electo.
Y fue el voluntarismo de las consignas, que daba por hecho no sólo lo que todavía no ocurría, sino lo que se espera como consecuencia del hecho aún no ocurrido, lo que lo delataron: “Ulises ya cayó y sigue Calderón”, coreaban los asistentes, mientras el tabasqueño ocupaba los asientos centrales de la primera fila, registraba anoche la edición online de Reforma.
El problema de esa desesperada empresa es que, una vez más, Amlo está exponiendo a su partido a los costos de una aventura probablemente perdedora, cualquiera que sea el desenlace. A estas alturas, nadie garantiza una caída inmediata del gobernador. Y cantar victoria tras montarse en un movimiento que llegue a tumbar a un gobierno, puede convertirse en un triunfo pírrico, por los costos electorales que ello puede acarrearle a su partido.
De cualquier manera, no parece haber marcha atrás en el proyecto.
Ayer, la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO) empezó una serie de reuniones con diversos sectores a fin de reactivar el movimiento por la caída del gobernador Ulises Ruiz.
Y, como cualquiera podría preverlo, la primera de esas reuniones de Flavio Sosa, Zenen Bravo y Florentino López y el resto de la dirigencia colectiva de la APPO, fue con dirigentes y legisladores del PRD, entre los que estuvieron presentes el diputado Cuauhtémoc Sandoval Ramírez y representantes del Comité Ejecutivo Nacional perredista.
Y como ellos mismos lo informaron, durante el encuentro del “movimiento popular” oaxaqueño con representantes del Partido de la Revolución Democrática, los temas predominantes fueron las opciones para profundizar la lucha contra el mandatario estatal y las acciones implementadas para “la resistencia a la ocupación de la Policía Federal Preventiva”, que desde el domingo pasado se encuentra en la capital del estado y que anteayer fue repelida por grupos de la APPO.
Mientras que aquí en México, los diputados del PRD en la Asamblea Legislativa del DF reconocieron que han financiado al movimiento magisterial en Oaxaca y anunciaron que seguirán con este apoyo económico en los próximos días. Durante una conferencia de los integrantes de la Mesa Directiva de la fracción perredista, Víctor Círigo, coordinador de los asambleístas del PRD, detalló que por un acuerdo suscrito por los 34 diputados que integran la fracción parlamentaria, se otorgarán dos días de dieta de cada legislador al movimiento magisterial de aquella entidad.
A ver cómo llegamos al próximo primer viernes de diciembre.
JOSÉ CARREÑO CARLÓN


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