Guerrillas
por Sergio Sarmiento
publicado el 8 de noviembre en Reforma
¿Existen realmente las cinco organizaciones guerrilleras que se adjudicaron los bombazos de la Ciudad de México de este 6 de noviembre? Los nombres de las guerrillas, después de todo, son tan mutables como los conjuntos de moda. Hoy están aquí, pero mañana apenas si son un recuerdo.
¿Reconoce usted los nombres del Movimiento Revolucionario Lucio Cabañas Barrientos, de la Tendencia Democrática Revolucionaria Ejército del Pueblo, de la Organización Insurgente 1 de Mayo, de la Brigada de Ajusticiamiento 2 de Diciembre o de las Brigadas Populares de Liberación? Pues éstas son las organizaciones que se han adjudicado los atentados del 6 de noviembre.
En realidad nada sabíamos de este tipo de grupos antes del 30 de agosto, cuando unos 10 "guerrilleros" de limpios uniformes aparecieron en una carretera de Oaxaca repartiendo volantes en los que se identificaban como organizaciones guerrilleras que formaban un frente común.
Hubo entonces un gran escepticismo acerca de estas organizaciones guerrilleras. No faltó quien atribuyera su origen al propio gobernador de Oaxaca, Ulises Ruiz, quien estaría buscando provocar la intervención del gobierno federal en el estado.
El 23 de octubre, nuevamente, hicieron acto de presencia grupos guerrilleros en una serie de entrevistas en la "clandestinidad" para distintos medios de comunicación. Una vez más sus miembros anunciaron que llevarían a cabo ataques en caso de que se enviara a la PFP a Oaxaca.
Hoy ya tenemos la promesa cumplida. Es verdad que las bombas del 6 de noviembre se detonaron de forma tal que se buscaba evitar bajas humanas. Pero la amenaza al gobierno y a la gente quedaba clara, como ha quedado clara también con el ataque a balazos y bombas molotov que llevaron a cabo ayer jóvenes de la APPO en contra de un restaurante Burger King en Oaxaca.
Tanto la APPO como el PRD han negado cualquier tipo de relación con los grupos que se han adjudicado las explosiones del 6 de noviembre, pero la verdad es que están pidiendo exactamente lo mismo que esas organizaciones: la salida de la Policía Federal Preventiva de Oaxaca, la renuncia de Ulises Ruiz y la revocación del resultado de la elección presidencial del 2 de julio. Si los protagonistas no son los mismos, sus objetivos ciertamente sí lo son.
El 22 de agosto la procuradora de Justicia de Oaxaca, Lizbeth Caña, aseguró que el movimiento de la APPO se estaba comportando como una "guerrilla urbana". La declaración provocó desmentidos inmediatos de los aludidos y de la Procuraduría General de la República. El propio gobierno de Oaxaca contradijo a su procuradora. Hoy, sin embargo, es mucho más difícil desmentirla.
Numerosas han sido las afirmaciones que señalan que algunos dirigentes de la APPO y de la sección 22 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) tienen lazos con el EPR y con otras organizaciones guerrilleras. Pero al parecer nadie había estado dispuesto a seguir este hilo hasta su conclusión lógica.
La verdad es que las organizaciones guerrilleras en nuestro país han tenido hasta ahora lazos muy estrechos con organizaciones políticas de izquierda. Los miembros de unas y otras se conocen y se apoyan. Pueden diferir en los métodos de lucha, pero no en los objetivos. Si Andrés Manuel López Obrador mandó al diablo a las instituciones después de las elecciones del 2 de julio, los guerrilleros simplemente han convertido en acciones las palabras del ex candidato presidencial.
En México las guerrillas son movimientos que surgen y desaparecen de manera continua. Algunos de sus miembros son los mismos de siempre; otros son reclutados en universidades y círculos radicales. En los años setenta tuvimos grupos realmente violentos, como la Liga 23 de Septiembre -que secuestró y asesinó al empresario Eugenio Garza Sada-, el Procup y el Partido de los Pobres de Lucio Cabañas. En 1994 el EZLN irrumpió de manera espectacular en la escena nacional, pero a pesar de sobrevivir hasta ahora como grupo político y fuerza mediática sólo mantuvo acciones militares en los 10 primeros días de ese año. En 1996 se dio a conocer el EPR, que llevó a cabo ataques violentos contra policías, para desvanecerse en términos prácticos un par de años más tarde. Después tuvimos al ERPI, al parecer una escisión del EPR, que también tuvo un alto perfil para desaparecer después.
Es difícil saber qué tan violentas o vigorosas pueden ser las organizaciones que se han atribuido los atentados del 6 de noviembre. Ciertamente hay una gran diferencia entre el puñado de guerrilleros con uniformes bien planchados del 30 de agosto y el que colocó bombas en la Ciudad de México el 6 de noviembre. Pero de lo que no hay duda es de que el gobierno ya no puede seguir negando la idea de los vínculos entre la rebelión de Oaxaca y estos grupos guerrilleros.
SERGIO SARMIENTO
publicado el 8 de noviembre en Reforma
"La palabra guerra justa envuelve un contrasentido salvaje; es lo mismo que decir crimen justo, crimen santo, crimen legal".
Juan Bautista Alberdi
Juan Bautista Alberdi
¿Existen realmente las cinco organizaciones guerrilleras que se adjudicaron los bombazos de la Ciudad de México de este 6 de noviembre? Los nombres de las guerrillas, después de todo, son tan mutables como los conjuntos de moda. Hoy están aquí, pero mañana apenas si son un recuerdo.
¿Reconoce usted los nombres del Movimiento Revolucionario Lucio Cabañas Barrientos, de la Tendencia Democrática Revolucionaria Ejército del Pueblo, de la Organización Insurgente 1 de Mayo, de la Brigada de Ajusticiamiento 2 de Diciembre o de las Brigadas Populares de Liberación? Pues éstas son las organizaciones que se han adjudicado los atentados del 6 de noviembre.
En realidad nada sabíamos de este tipo de grupos antes del 30 de agosto, cuando unos 10 "guerrilleros" de limpios uniformes aparecieron en una carretera de Oaxaca repartiendo volantes en los que se identificaban como organizaciones guerrilleras que formaban un frente común.
Hubo entonces un gran escepticismo acerca de estas organizaciones guerrilleras. No faltó quien atribuyera su origen al propio gobernador de Oaxaca, Ulises Ruiz, quien estaría buscando provocar la intervención del gobierno federal en el estado.
El 23 de octubre, nuevamente, hicieron acto de presencia grupos guerrilleros en una serie de entrevistas en la "clandestinidad" para distintos medios de comunicación. Una vez más sus miembros anunciaron que llevarían a cabo ataques en caso de que se enviara a la PFP a Oaxaca.
Hoy ya tenemos la promesa cumplida. Es verdad que las bombas del 6 de noviembre se detonaron de forma tal que se buscaba evitar bajas humanas. Pero la amenaza al gobierno y a la gente quedaba clara, como ha quedado clara también con el ataque a balazos y bombas molotov que llevaron a cabo ayer jóvenes de la APPO en contra de un restaurante Burger King en Oaxaca.
Tanto la APPO como el PRD han negado cualquier tipo de relación con los grupos que se han adjudicado las explosiones del 6 de noviembre, pero la verdad es que están pidiendo exactamente lo mismo que esas organizaciones: la salida de la Policía Federal Preventiva de Oaxaca, la renuncia de Ulises Ruiz y la revocación del resultado de la elección presidencial del 2 de julio. Si los protagonistas no son los mismos, sus objetivos ciertamente sí lo son.
El 22 de agosto la procuradora de Justicia de Oaxaca, Lizbeth Caña, aseguró que el movimiento de la APPO se estaba comportando como una "guerrilla urbana". La declaración provocó desmentidos inmediatos de los aludidos y de la Procuraduría General de la República. El propio gobierno de Oaxaca contradijo a su procuradora. Hoy, sin embargo, es mucho más difícil desmentirla.
Numerosas han sido las afirmaciones que señalan que algunos dirigentes de la APPO y de la sección 22 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) tienen lazos con el EPR y con otras organizaciones guerrilleras. Pero al parecer nadie había estado dispuesto a seguir este hilo hasta su conclusión lógica.
La verdad es que las organizaciones guerrilleras en nuestro país han tenido hasta ahora lazos muy estrechos con organizaciones políticas de izquierda. Los miembros de unas y otras se conocen y se apoyan. Pueden diferir en los métodos de lucha, pero no en los objetivos. Si Andrés Manuel López Obrador mandó al diablo a las instituciones después de las elecciones del 2 de julio, los guerrilleros simplemente han convertido en acciones las palabras del ex candidato presidencial.
En México las guerrillas son movimientos que surgen y desaparecen de manera continua. Algunos de sus miembros son los mismos de siempre; otros son reclutados en universidades y círculos radicales. En los años setenta tuvimos grupos realmente violentos, como la Liga 23 de Septiembre -que secuestró y asesinó al empresario Eugenio Garza Sada-, el Procup y el Partido de los Pobres de Lucio Cabañas. En 1994 el EZLN irrumpió de manera espectacular en la escena nacional, pero a pesar de sobrevivir hasta ahora como grupo político y fuerza mediática sólo mantuvo acciones militares en los 10 primeros días de ese año. En 1996 se dio a conocer el EPR, que llevó a cabo ataques violentos contra policías, para desvanecerse en términos prácticos un par de años más tarde. Después tuvimos al ERPI, al parecer una escisión del EPR, que también tuvo un alto perfil para desaparecer después.
Es difícil saber qué tan violentas o vigorosas pueden ser las organizaciones que se han atribuido los atentados del 6 de noviembre. Ciertamente hay una gran diferencia entre el puñado de guerrilleros con uniformes bien planchados del 30 de agosto y el que colocó bombas en la Ciudad de México el 6 de noviembre. Pero de lo que no hay duda es de que el gobierno ya no puede seguir negando la idea de los vínculos entre la rebelión de Oaxaca y estos grupos guerrilleros.
SERGIO SARMIENTO


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