Terca realidad
publicado el 7 de noviembre en El Universal
El vocero presidencial insistió, cuantas veces tuvo oportunidad, en que el presidente Fox resolvería el problema de Oaxaca antes de que su administración llegara a término. El problema con el vocero, al igual que con el Presidente, consiste en que se empeñan en no ver la realidad y se construyen escenarios inexistentes válidos sólo para ellos. La inminencia del fin de este gobierno obligó a nuestro viajero más distinguido a aceptar que heredará el problema oaxaqueño a su sucesor.
Hace más de 170 días que los maestros de la sección 22 del SNTE, agrupados en la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, dejaron de impartir clases, por cierto de muy mala calidad, a más de un millón 300 mil niños oaxaqueños. La impericia del gobierno federal y la estulticia del local agravaron las condiciones por las que atraviesa una de las entidades más pobres del país. A la demanda salarial de los mentores se sumó la torpeza del gobierno local al mandarlos apalear para romper el plantón, pero lo único que hizo fue jalarle la cola al tigre dado que lo dejó vivo y furioso. Organizaciones dizque sociales, cegeacheros, panchos villas, atencos y una caterva de vagos y malvivientes han arruinado la economía oaxaqueña y dado al traste con las esperanzas de mejoría de la población de la bellísima capital de ese estado. Ahora, están entrampados los gobiernos federal y local; uno no sabe qué hacer y otro quiere vender, lo más cara posible, su solicitud de licencia o renuncia.
A esos seudomaestros, acompañados de grupos vandálicos, el gobierno federal les va a pagar todos sus salarios caídos y va a poner en libertad a delincuentes que han aprovechado el anonimato para cometer sus fechorías. No cabe más que preguntarse si esa es la paz social y la tranquilidad de que presume el Presidente de la República, quien ahora dice que la inestabilidad se limita a un estado del país, lo que nos recuerda su famosa afirmación de que el plantón sobre el Paseo de la Reforma afectaba únicamente a una calle del Distrito Federal.
El tiradero que va a heredar a la próxima administración es difícil de cuantificar; la evaluación de daños será muy complicada y obligará al licenciado Calderón a resolver urgentemente varios pendientes que, desde luego, no admitirá el actual mandatario. Es increíble que unos minutos después de que el secretario de Hacienda, habló de los grandes retos que tiene la economía mexicana y los entornos desfavorables que enfrentará en el futuro el presidente, en el mismo escenario y ante la misma gente, festejó "el buen desempeño económico que nos ha permitido proteger la economía y el nivel de vida de las y los trabajadores"; agregó que México está hoy en ruta hacia un futuro de mayor prosperidad y justicia social, gracias a la congruencia entre la política económica y la política social que ha permitido alcanzar el bien común y formar capital humano. ¡Habráse visto! Lo anterior ocurrió durante la ceremonia de inauguración del 22 Congreso de la Sociedad Econométrica Latinoamericana. ¿Es este el Presidente que queríamos que resolviera el conflicto oaxaqueño?
La mayor parte de los mexicanos deseamos que noviembre transcurra lo más rápido posible. Las visitas presidenciales a Montevideo, Australia y Vietnam limitarán el número de desaciertos que pueda cometer la actual administración, pero para muchos es inexplicable cómo el Presidente se ausenta del país cuando en una de sus entidades federativas los grupos se matan entre sí. Nada hay que justifique el liderazgo sobre organizaciones llamadas sociales, de un individuo como el señor Sosa, cuya catadura nos ahorra toda especulación sobre sus metas y procedimientos; desafortunadamente, el gobierno anterior y el actual han colaborado prolijamente en la creación del estado de cosas que se vive en la capital oaxaqueña. ¿Hasta cuándo la Vieja Antequera seguirá secuestrada por los intereses caciquiles que ahora se enfrentan por el botín? ¿Cuántos pequeños comercios, hoteles y restaurantes seguirán sumidos en la penuria por la falta de turistas?
El presidente electo Calderón tendrá que armarse de mucha paciencia, pero al mismo tiempo exhibir mano firme para terminar el conflicto e impedir que el ejemplo cunda. Qué bueno que el próximo presidente no tiene rancho en donde pueda desatenderse los fines de semana de lo que pasa en el país. Necesitamos presidentes de 24 horas y de siete días a la semana. Pronto se acabarán los desfiguros que se han sucedido sistemáticamente desde el día en que se inició el actual gobierno.
FRANCISCO ROJAS


0 Comentarios:
Publicar un comentario
<< Regreso a la página principal