martes, noviembre 07, 2006

Mexicanos al grito... de guerra

por Guillermo Ortega
publicado el 7 de noviembre en La Crónica


Nos ausentamos alrededor de una semana, no mucho más, y llegamos a encontrarnos con un escenario radicalmente diferente al que dejamos días atrás. Terminó la política del diálogo… diálogo… diálogo… que mantenía el gobierno federal contra viento y marea. El cambio fue provocado, aparentemente, por la muerte de un periodista norteamericano que se encontraba cubriendo los eventos del conflicto Oaxaca. Aunque luego se supo que Bradley Roland Will había sido advertido por un colega y amigo suyo del riesgo que implicaba ir a Oaxaca, y que en el momento de morir se encontraba imprudentemente entre quienes estaban en la vanguardia de la movilización de los grupos en conflicto, la embajada de los Estados Unidos emitió una queja por el incidente, que en apariencia fue el detonante para sacar de la inmovilidad a la administración de Vicente Fox.

De manera que finalmente llegó la Policía Federal Preventiva a Oaxaca. Con relativa facilidad, se posesionaron del zócalo y del centro histórico de la ciudad. Ahí se quedaron estacionados hasta el pasado jueves 2 de noviembre, cuando se movilizaron para intentar retirar las barricadas ubicadas por la APPO en las inmediaciones de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca. Aunque después las autoridades federales de todos los niveles aseguraron que no pretendían ingresar al campus universitario, para los que fueron siguiendo los acontecimientos minuto a minuto quedó la impresión de que el objetivo era precisamente ése. Testigos del operativo nos contaron en corto de los insistentes intentos de continuar con el avance hacia las instalaciones universitarias. Parecía, nos dijeron, que el objetivo real de la autoridad eran las instalaciones de la radio comunitaria de la universidad, que hasta ahora ha servido como medio para comunicar a las huestes apistas las instrucciones para su movilización de manera expedita. Al final quedó la impresión de que las órdenes erráticas, y la resistencia de los mandos del gobierno para hacer uso de la fuerza, fueron la causa de que no lo consiguieran. Las corporaciones policiacas destacadas en el operativo terminaron reculando, en medio de una lluvia de cohetones, petardos, tubos, palos, piedras, bombas molotov, y demás artefactos que componen el arsenal con que cuentan los apistas. Como era de esperarse, los insurrectos integrantes de estos grupos que operan en flagrante ilegalidad, se crecieron, pregonando a los cuatro vientos “su triunfo”, terminando así de debilitar la ya de por sí frágil posición de la policía. Los appos volvieron a colocar sus barricadas, llevaron a cabo una mega marcha el pasado domingo para insistir en su exigencia de destituir al gobernador Ulises Ruiz al margen de todo procedimiento legal, y amenazaron con escalar la violencia si no se cumplen sus demandas. Como quien dice: mexicanos al grito de guerra, aunque sólo sean unos pocos que actúan en total impunidad.

…del temor
Cambió ligeramente el discurso presidencial. Del “y yo por qué”, pasó a la justificación baladí de la falta de acciones de su gobierno: “muchos me acusan de no ejercer el poder, la realidad es que sí lo he ejercido, pero con el temor de hacerlo equivocadamente”, le dijo a mi colega Pedro Ferriz, en una entrevista difundida ayer en su programa de Imagen Informativa. Es como el enamorado que cantaba: “temor de ser feliz a tu lado…”, y expresaba así su miedo a no llenar las expectativas de su amada. Recordemos que el poder es la amante más exigente. No pueden existir en su ejercicio las medias tintas, con temor o sin él; el poder debe ejercerse con firmeza y punto, para bien o para mal. Si se ejerce equivocadamente, debe reconocerse y ponerse el remedio; en cambio, si se hace con razón, sólo estará cumpliendo con el deber para el que fue electo. Ni más, ni menos.

…del terror
Dicen que a río revuelto, ganancia de pescadores, y así es. Ante el evidente vacío de autoridad que prevalece en el país, era casi inevitable que salieran a la luz grupos radicales de inconformes, como ha sucedido en diversos momentos de sexenios anteriores. En la madrugada de ayer estallaron artefactos explosivos en varias sucursales bancarias y en la sede nacional del PRI. Sólo que ahora no fueron bombitas caseras, de ésas que no pasan de romper los vidrios. En esta ocasión las explosiones causaron daños mayores a las instalaciones de los lugares donde ocurrieron. Surgió media docena de organizaciones que se atribuyeron los atentados. Sin importar quiénes sean, todo mundo los ha vinculado con el conflicto Oaxaca. Ante estos hechos podemos decir que los costos de la actitud pusilánime que ha asumido el gobierno en la solución del problema en la antigua Antequera apenas se están empezando a sentir.

GUILLERMO ORTEGA