lunes, noviembre 06, 2006

La fuerza de la razón

por Francisco Zea
publicado el 6 de noviembre en Excélsior


Para el mejor desempeño de la Universidad ha sido forjado el concepto de autonomía. Hay una íntima relación entre el desempeño de los maestros, el gobierno que un grupo de ellos le da a la institución y la libertad de pensamiento que es la esencia creadora de una casa de estudios.

El Estado le reconoce a la Universidad la facultad de crear sus normas y su gobierno con la finalidad de educar, de que exista libertad de cátedra, de que pueda florecer la discusión de las ideas.

La autonomía universitaria tiene su origen en 1929, a partir de la Ley Orgánica que promulga el 10 de junio Emilio Portes Gil. Ésta fijaba limitantes en materia financiera y de planes educativos principalmente, pero era el principio del autogobierno.

Posteriormente sufrió varias modificaciones, una de ellas el 19 de agosto de 1933. El 30 de diciembre de 1944 se publicó la definitiva Ley Orgánica, la que todavía rige a la Universidad Nacional Autónoma de México. Culmina esta evolución el 9 de junio de 1980, con el decreto que adicionaba la fracción VIII del artículo 3º de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. En la actualidad, la Carta Magna le reconoce a las universidades y demás instituciones de educación superior, que hayan sido declaradas autónomas por determinación de la ley, la facultad y responsabilidad de gobernarse a sí mismas, para realizar sus fines de educar, investigar y difundir la cultura, respetando en todo momento la libertad de cátedra y el libre examen de las ideas.

Después de hacer este análisis no encuentro ninguna disposición que justifique que una universidad se vuelva el refugio de una turba de ganapanes, miembros de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca, que hace mucho se alejaron del objetivo principal de sus protestas. Ahora piden que la intermediación para resolver el conflicto sea directamente del Presidente de la República. Hay que tener cuidado porque, con lo poco serios que son y como han cambiado de interlocutor, no vaya a ser que el próximo que pidan sea a Kofi Annan y cuando éste se agote no quedará más que el mismo Dios.

La Universidad Autónoma Benito Juárez es una institución, además de antigua, respetable, que abrió sus puertas el 8 de enero de 1827, como Instituto de Ciencias y Artes, para después cambiar su nombre al actual. Su vida académica es rica y tiene, entre otras muchas virtudes, uno de los únicos programas para estudiantes indígenas en México, en donde se les ofrece desde tutoría y apoyos académicos hasta atención sicológica y actividades deportivas.

Ante lo anterior, no entiendo la postura del rector de la institución, Francisco Martínez Neri, quien ha pedido a las fuerzas federales que no entren a las instalaciones de esa Universidad para no vulnerar su autonomía. Habrá que explicarle al rector que la autonomía no es la automática conversión del campus en una isla de impunidad en donde puedan deambular sin restricciones delincuentes comunes, que tanto han lastimado a la ciudadanía de su estado, que han quemado coches, secuestrado a militares y han provocado una tremenda división, entre quienes apoyan la intervención de la policía y los que la repudian.

No está a discusión que la única fuerza que debe de existir dentro de una universidad es la de la razón. Pero la razón no debe ser cómplice de la violencia.

FRANCISCO ZEA