domingo, noviembre 05, 2006

Del absurdo cotidiano

por Gerardo Galarza
publicado el 5 de noviembre en Excélsior


Alguna vez oí o leí la "recomendación" de evitar los refranes, proverbios o dichos porque reflejan la ignorancia de quien los utiliza o, en el mejor de los casos, son lugares comunes. Yo creo que son verdades comunes, probadas por la experiencia, que es una parte del método científico. Para decirlo de otra manera: no tienen vuelta de hoja. Hoy, en México puede aplicarse aquel apotegma que establece que la voluntad de Dios se haga en los bueyes del compadre.

Carlos Castillo Pereza, cuya inteligencia hace tanta falta, decía en los tiempos de aquella campaña política destrozada por el gobierno de la Ciudad de México que todos los ciudadanos exigen escuelas, mercados, puentes, ampliación de vialidades o cualquier otra obra pública, siempre y cuando el gobierno no las hiciera en "mi" calle, "mi" colonia, "mi" barrio, porque con ellas llegaría mayor tránsito vehicular, ratas y otras alimañas, expropiaciones, niños de la calle, delincuentes, etcétera. Entonces, ¿en dónde construirlas? Pues en otro lado, y en el otro lado los vecinos dicen lo mismo. Y si no les hacen caso, pues la mejor manera de conseguir lo que se quiere es el chantaje a través de las protestas, presuntamente legítimas.

El régimen priista enseñó eso a los ciudadanos y que todo era fácil de conseguir a través de prometer el apoyo y docilidad a las exigencias políticas de las autoridades. Y si ello no resultaba suficiente, los gobernantes resolvían el problema a punta de billetes para los líderes y también, no hay que olvidarlo, con la represión en casos extremos. Las leyes, cuyo objetivo es sustentar la convivencia y cohesión sociales, se aplicaban a discreción o simplemente no se ejercía su mandato por parte de los gobernantes, y los ciudadanos no las respetaban, sabedores de que todo podía arreglarse prometiendo su voto al partido que ganó las elecciones durante más de 70 años.

Un ejemplo extremo es ahora Oaxaca, donde lo que ha fallado es la operación y negociación políticas. Han fallado porque no existe esa cultura en México. El priato la envileció, pues cualquier diálogo y negociación fue —parece que lo sigue siendo— sinónimo de tranza. Es más, hasta se inventó una palabreja descalificadora: concertacesión.

Por más de cinco meses, grupos de inconformes oaxaqueños, amparados en demandas que ellos consideran legítimas, han violado leyes a granel: se han apropiado de las vías públicas, colocado barricadas, allanado y destruido edificios públicos y privados, se han apoderado y utilizado radiodifusoras sin derecho alguno, han agredido a quienes no están de acuerdo con ellos, han usado armas. En el transcurso de ese periodo ha habido 17 homicidios y muchos lesionados. En resumen, han arrasado con el estado de derecho, aun cuando —concedamos— algunos de sus reclamos pueden ser justificados y hasta legítimos.

Mientras los gobiernos estatal y federal han permitido todo ello, muchos han demandado, clamado, por una solución. No la hubo a través de la política. Y ya muy tarde, llegaron las fuerzas federales y otros condenaron lo que consideran represión.

Ya se sabe que el Estado, a través del gobierno, tiene entre otras facultades el ejercicio de la fuerza pública con el objetivo de hacer respetar el contrato social que una sociedad se da a sí misma y es su obligación mantenerlo, como obligación de los gobernados es respetar la legislación, para que con la participación de unos y otros impere el Estado de derecho.

Pero no. Unos hacen lo que quieren y otros lo permiten. No se trata, ojo, de llamar a la represión, sino de solucionar el conflicto. Para ello se requiere el concurso de ambas partes, cumpliendo con sus obligaciones. Se tiene derecho a expresarse, a demandar y a protestar, pero sin afectar a otros, sin violar las leyes. Y la otra parte esta obligada a escuchar, resolver y respetar y hacer respetar la normatividad social.

Un ejemplo patético del absurdo mexicano es la postura del rector de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca, quien dijo que si la Policía Federal Preventiva entraba al campus, cuasi cuartel de los protestantes, se violaría la autonomía universitaria y que su obligación era hacerla respetar. Si así fuera, ¿no es una violación a la autonomía universitaria la apropiación de los llamados APPOS de ese campus y la utilización ilegal de la radio de esa universidad? Ni modo, que se jodan los bueyes del compadre.

GERARDO GALARZA