Oaxaca, cuaderno de bitácora internacional
publicado el 2 de noviembre en El Universal
Una parte, cotidiana, de mi trabajo es la revisión de la prensa internacional. Oaxaca ha sido, en las últimas semanas, un punto de referencia mundial que no se ha disociado de las elecciones presidenciales. En su conjunto la evaluación posee, al menos, dos lecturas: una de asombro y otra de preocupación.
México pesa, de una forma u otra, en el imaginario colectivo del mundo. Si, en ocasiones, se extrapolan los mitos, es decir, Pancho Villa y Emiliano Zapata, no es menos verdad que, progresivamente, es el país, en su aventura jurídico-política hacia el estado de derecho lo que, finalmente, está centrando la atención internacional.
Oaxaca (Tabasco ha sido examinado, en sus resultados electorales, como un dato importante del proceso electoral de 2006) ha pasado a ser un tema que plantea, al sistema mediático mundial, interrogaciones múltiples, pero centradas en un tema clave: la educación y la legitimidad de las instituciones cercadas por la insurgencia.
En el primer acercamiento, esto es, en la educación, Oaxaca plantea problemas que, con el Informe Pisa, un documento de trabajo normal de la OCDE, permite mensurar, con objetividad y preocupación, el dilema que representa la parálisis educacional en un estado que posee indicadores de bajo nivel de desarrollo. Por ejemplo, el Informe Pisa 2003 coloca a Oaxaca sólo antes que Chiapas en orden al poder adquisitivo.
Esa aportación estadística se completa con un dato muy claro: que en Oaxaca, 96.3% de las escuelas son públicas y sólo 3.7% son privadas. A medida que asciende el nivel de vida se amplía el porcentaje de escuelas privadas. En el DF las escuelas privadas representan 24.3%; en Nuevo León 20%. Ello no supone, mecánicamente, mejor educación, sino, fundamentalmente, opciones sociales distintas. En consecuencia, en Oaxaca el paro de la enseñanza afecta a la totalidad. Se refleja el problema en un hecho básico: que en Oaxaca, 34.6% de la población tiene entre 0 y 14 años y que su población rural representa 55.47% de la población total en tanto que, a escala nacional, constituye, en números redondos, 25%. De la misma forma un indicador fundamental (las madres con escolaridad básica) nos proporciona la delicada estructura de una sociedad en términos educativos y, por tanto, familiares. En efecto, en Oaxaca sólo 21.6% de las madres tienen ese nivel educativo (en Chiapas es aún, menor, 19.4%) en tanto y cuanto que el promedio nacional, en México, es de 40.6% y asciende a 63.09% en el Distrito Federal y a 59.76% en Nuevo León.
Esa desigualdad fundamental hace más grave y preocupante la lección que ha proporcionado Oaxaca en términos gravemente negativos a una sociedad que vivía, todavía, el traumatismo de la elección presidencial. En suma, todo obliga a planteamientos de máxima responsabilidad en términos educacionales y, por tanto, de ciudadanización de los deberes. Me preocupa, en medio del arrebato y el frenesí de los análisis que la aproximación fundamental al problema haya sido rehusado o banalizado. En efecto, no es posible olvidar que el Informe Pisa nos dice, sin más, que en México, sólo 58.1% de la población de 15 años está inscrita "al menos, en la secundaria". El 100% en EU y 100% en Canadá, nuestros socios comerciales.
La visión internacional, escandalizada por el número de días sin escuela en Oaxaca, es menor, sin duda, que mi preocupación, como profesor universitario, sobre un tema capital: la preparación de los hombres. ¿Cómo se recuperará ese tiempo precioso (perdido) cuando se nos dice que sólo Turquía tiene, en la OCDE, un porcentaje (54%) menor que México (58%) en orden a los inscritos, a los 15 años, en la educación secundaria. Esa lectura, sobrecogedora, es la primera lección de Oaxaca.
JUAN MARÍA ALPONTE

0 Comentarios:
Publicar un comentario
<< Regreso a la página principal